martes, 12 de enero de 2010

GUATEMALA

Últimamente he tenido la oportunidad de visitar diversos departamentos, municipios, aldeas y caseríos de la parte norte de mi país. Algunos en pleno desarrollo pujante, otros muy desarrollados y, algunos más, lo suficientemente pobres como para conmiserarse.

Hoy sé que si el sol nace en alguna parte del mundo es en Senahú, Alta Verapaz. Comprendo que si hay personas que se sacrifican para llegar hasta sus casas son los habitantes de Telemán, Panzós, Alta Verapaz, que tienen como vecino al gran Río Polochic.

También sé por qué los turistas de todas partes del mundo acuden por vía terrestre, marítima o aérea a la Isla de Flores en Petén, que está a un paso de ingresar a la Biosfera Maya, particularmente al Parque Nacional Tikal y el Parque Nacional de Yaxhá. Sé que la frontera con México está en la ruta de la Aldea Las Cruces, en La Libertad, Petén y comprendo claramente que del otro lado, en la frontera con Belice, se encuentra Melchor de Mencos.

En fin, es una experiencia maravillosa recorrer Guatemala. Rodeada de árboles, senderos naturales, ríos, lagos, montañas, volcanes. No sé si en otras partes del mundo existen lugares así, quizás algún día lo descubra, pero hoy comprendo y conozco un poquito mejor por qué Guatemala es Alma de la Tierra como dicen, por qué acá está acuñada la cultura maya y por qué todavía se respiran tradiciones indígenas. Me parece que entiendo de mejor forma que en mi país hay islas, caribe garífuna, playas de arena negra (volcánica) y de arena blanca, que hay un pequeño Amazonas en El Estor, Izabal, en las bocas del Polochic, donde puede verse al manatí en su propia bahía. Hablamos 24 idiomas, incluidos el español, el xinca y el garífuna que NO son de origen indígena. He probado el guifite en Linvigston, Izabal; el caldo de frutas en Salcajá, Quetzaltenango y también el pepián en el parque central de Guatemala o el jocón en su natal Huehuetenango. Sé a que saben los tayuyos de Santa Cruz del Quiché, Quiché y también comprendo a qué se debe al arribo de tantos turistas a Chichicastenango, Quiché.

Mi Guatemala, multiétnica, pluricultural y multilingüe.

Pienso en ti

Estoy pensando en ti en este momento, como es mi costumbre.

Pienso en que me gustas, sueño con que quizás algún día leas esto y sonrías sonrojada de saber que es a ti a quien dedico mis mejores palabras, quizá quieras llorar.

No sé bien qué le haces a mi ser, pero es una sensación agradable. Me gusta verte, hablarte, compartir tiempo a tu lado, me fascina abrazarte hasta que me digas que ya no lo haga porque tienes cosas que hacer y en definitiva sigo aguardando por si alguna vez tengo ocasión de besar tu boca.

Quisiera escribir los mejores versos para dedicártelos; quisiera pintar los mejores cuadros para entregarlos y me gustaría mucho cantar las mejores canciones para que cuando las escuches pienses en mí. Yo pienso en ti, otra vez.

Y no trato de ser poético, en realidad considero que carezco del don de las prosas y los versos que riman. Sólo escribo lo que siento cuando tan sólo pienso en ti.

domingo, 10 de enero de 2010

ORGULLOSO DE AMARTE

Provocas ilusión en mí, ¿sabías?

Me emociona verte, me fascina verte sonreír cerca de mí, notar que eres increíblemente bella para mí. Me gustas, te amo, me parece un arte conquistarte, esa lucha interna que armo, esa creatividad constante que desatas para decirte cuánto te amo y que necesito tenerte conmigo.


Estoy orgulloso de amarte. Siento que lo hago sin preocupación y con entrega divina. Estoy feliz de amarte a ti, aunque confundido porque tú no me amas.

Es un privilegio sentir amor hacia ti, degustar del paisaje que me muestra tu rostro cuando sonríes, amar cada segundo que dura el abrazo que te doy al saludarte.

Es un lujo poder contemplar tu figura y sentirme atraído hacia a ti como con locura (perdón por la aliteración, no fue intencional).


Estoy feliz y entusiasmado que seas tú quien inspira estas letras. Estoy, indiscutiblemente satisfecho, de poder confesar en este sitio, que eres tú.


Simplemente, mi amor, estoy orgulloso de amarte.

lunes, 4 de enero de 2010

OTRA VEZ TE AMO

La mujer que me inquieta, que me intriga, que me gusta, que me enternece, que me magnetiza, que me conquista sólo con existir, que me hace sonreír con sólo escuchar su voz.
Esa mujer inigualable, incomparable, inexplicable, sencillamente maravillosa; una de esas creaciones espectaculares de Dios. Ella es hermosa.



Públicamente quiero arrepentirme por los errores que cometí en el 2009 y también de manera abierta quiero comprometerme a hacer mi mejor esfuerzo por cambiar eso. Trataré de hacer lo que no hice y tuve que hacer, y de no hacer lo que hice y no tuve que hacer. Quiero ofrecer una disculpa si a alguno le causé cualquier tipo de molestia, si le ofendí o si simplemente no fui ocasión de bendición para su vida. En realidad, veo cómo Dios tiene todo en control y cómo cada una de las cosas que me suceden son parte de un plan superior.

Quiero mostrar hombría y respetar a las mujeres de mi vida (entiéndase, a todas las mujeres que conozco), darles el lugar que merecen, servirles y honrarles.

No quiero jugar con los sentimientos de ninguna persona y cultivar en cambio una amistad genuina, de amor no fingido con todos los que me sea posible.


Bueno, sólo quería decir esas cosas; por eso siempre repito, mis queridos, que este no es un espacio para poemas ni nada por el estilo, es sólo un lugar donde tengo (o invento) excusas para hacer aquello que tanto disfruto: escribir.


Respecto del párrafo primero. En vez de tanto epíteto, mejor me quedo con la esencia y digo lo más parecido a lo que siento: TE AMO.

domingo, 3 de enero de 2010

¿Podrías amarme?

¿Estás muy feliz con él?, ¿no soportas imaginar tu futuro sin él a tu lado?

¿Eres exageradamente feliz?, ¿sabes de memoria qué quieren decir cada uno de sus movimientos?, ¿tu mirada se enternece al escuchar su voz?, ¿sueñas cuando aparezca para fundirte en un abrazo con él?

En realidad, me gustaría saber eso, porque soy yo quien no imagina su futuro lejos de ti; soy yo, el que es excesivamente feliz cuando estás cerca.


No sé, tengo un nudo en la garganta, te miro sin querer hacerlo con él y se repite en mi cabeza si acaso tú ¿podrías amarme?


¿Podrías intentarlo?
Hoy, domingo por la tarde, no sé dónde estás, cómo te va o quién está a tu lado.

Veo el televisor, las noticias me recuerdan a ti; no por algo, no con causa, sólo con efecto; no por ti, si no por mí.


Quisiera que supieras que estoy pensando en ti, que de hecho no puedo dejar de hacerlo y que me río sólo cuando recuerdo nuestras cosas. No sé si soy verdaderamente idiota al escribir esto, no sé si te parezco ridículo cuando te digo "te amo" un día y al otro ni siquiera te hablo.

No sé si me veo como tonto al no hablarte, pero los nervios me matan, además no quiero molestarte. Me crucifican mis propias ideas de hacerte daño; debería aborrecerte por hacerme sentir lo que siento sin tener paz, pero te amo.

Debería ignorarte con todo el coraje del mundo, pero te amo. Quisiera saber cómo es enojarme contigo, pero te amo. En verdad, apreciaría mucho tener el talento de simplemente no sentir, pero inevitablemente: te amo. Me gustaría mucho no suspirar cuando veo los lugares donde estuvimos juntos; sería genial saber que al menos piensas en mí, pero ni siquiera tengo esa ilusión, porque la cruel realidad pesa demasiado a la par de ese deseo tierno, pero torpe.

Iría a cualquier lado para curar mi adicción a ti. Suena idiota, pero es sencillamente así.

¿Sabes?, a veces pienso que no soy tan molesto como creo; a veces, sólo a veces, considero que quizás tú no tienes nada en contra de mí, que no te caigo tan mal, como me martirizo creyendo. En ocasiones, como hoy precisamente, tengo el atrevimiento de imaginar que probablemente te agrado y que hasta te caigo simpático; pero al verte reír con otra persona, mis ideas se derrumban. Al acercarme a ti y notar que no es de tu agrado, se desmoronan esas ilusiones.




Eres increíblemente imperfecta y eso es lo más fantástico: te amo tal como eres. Sueño luchar a tu lado por ser mejores cada día.


A esta hora me martirizo; a esta hora tal vez estás durmiendo, como sueles hacerlo; quizá platicas con tu familia o a lo mejor estás en el cine con el grupo de falsos amigos que te rodean. Quizá no haces nada, pero casi podría jurar que no piensas en mí, que yo no me aparezco en ninguno de tus pensamientos, ni en los buenos ni en los malos.
Haré de cuenta que no te conozco.

Iré por la calle y cuando te vea, me esconderé.

Pensaré que eres una completa desconocida. Intentaré no verte y desconocer tu voz, tu sonrisa a lo lejos y esa mirada que se escurre hasta lo profundo del alma.

Engañaré a nuestros amigos diciendo que no quiero saber nada de ti; mentiré para no coincidir en los lugares que solíamos frecuentar. Escribiré en este blog pensando que las letras no van con dedicatoria a ti. Veré tus e-mails y mensajes de texto todas las noches, pero imaginaré que los borré y que estás fuera de mi lista de contactos.


Procuraré no verte de reojo para no despertar sospechas en ti. Cuando llore porque quise haber podido hablarte, abrazarte y contarte un chiste, me aseguraré de que ninguna persona en común lo sepa. Te miraré, sin que me mire nadie.

Al dibujar tus recuerdos en mi mente, escucharé música con volumen alto para disipar esas ideas. No veré películas románticas, evitaré salir de casa y tener tiempos libres.
Hay una canción de un grupo guatemalteco que me hace pensar y sentir en algunas cosas; la canción va más o menos así:

Parece que será un perfecto día, por fin dormir sin ni una pesadilla.
La fama a mí me ha dado buena vida...;
salgo a la calle sin saber a dónde, llamo a un teléfono y nadie responde.
Las rosas siempre serán rojas y lo sé, lo son, crueles y crueles como tumbas;
no hay pasados sin rencores, no sé por qué soy tan tonto que hasta el cielo me hago por no verte...

¿Qué tan ciego es el amor?, si sufro por una mirada...

Haré de caso que no te conozco, haré de cuentas que ese no es tu rostro, a nadie engaño: yo lo reconozco.

Te miraré sin que me mire nadie y sentirás que se te acaba el aire, y sin querer ya estoy queriendo y a tu lado estoy, no te importa si pregunto, no hay problema si lo insulto y este día era perfecto o eso es lo que quería creer...

sábado, 2 de enero de 2010

2010

Nunca olvido que cuando empecé a escribir fue en una computadora de un color, en un tal programa Word Perfect.

Después, obligado por mi propio empuje y la necesidad de expresarme, escribí en un cuaderno con espiral en mis ratos libres donde estudié la secundaria.

Ahora, este blog, quise hacerlo un poco más parecido a esas primeras excusas que empezaba a escribir. Una chica de pelos rojos fue una de mis primeras excusas y todo empezó en un cuaderno como el que intento recrear acá.


Un abrazo y espero que no confíes en la suerte y te pongas a trabajar para lograr tus objetivos de este nuevo ciclo.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Quisiera

A veces quisiera que eso de enamorarse fuese algo sencillo, tal como decidir ir al centro comercial o no ir.

Me gustaría que no pudiésemos sufrir por un amor. Sería genial si el corazón (entiéndase cúmulo de sentimientos y emociones) no deseara con todas sus fuerzas amar a una determinada persona; que no fuera tan necio, que simplemente escogiera de lo que le es permitido. Sería algo muy bueno que uno no se enamorase de la persona que no se enamoraría ni en mil años de uno.

Quisiera no tener el deseo de besar a una chica que no se acercaría tanto a mí ni por necesidad. Quisiera no querer abrazar a alguien que se siente incómoda con ese contacto conmigo. Quisiera simplemente que amar fuese diferente. Quisiera que todo fuese un poco más fácil, no pido nada regalado, sólo que todo tuviera lógica o algún sentido inteligente. Que el amor pudiera planificarse, detallarse, leerse, escribirse, olerse o al menos, sencillamente comprenderse de algún modo.

Quisiera eso.



Pero definitivamente jamás cambiaría las mariposas en el estómago al verla venir, los nervios alborotados de sólo pensar que ese día la veré. Nunca, ni en un millón de años cambiaría el hecho de temblar cuando quiero hablarle y que ella sonría al percatarse de que mi tartamudez es precisamente por su sola presencia.

No, no cambiaría el beso que le robé y que aunque le molestó al principio, después, horas más tarde, no podía olvidar. Jaja, me parece que sencillamente no dejaría de abrazarla por detrás, ante su sorpresa, que al principio le pareció un atrevimiento, pero pronto comprendió que yo la necesito.


Así que no. No cambiaría nada en realidad.

Quisiera que todo fuera diferente, pero no. Lo único que sí quisiera es que ella me amase tanto como yo a ella. Deseo con todo mi corazón que ella se enamore perdidamente de mí y sienta lo que yo siento, y no por tenerla conmigo, si no porque un ser tan espectacular merece enamorarse.


Ahora que lo pienso, más bien quisiera nunca comprender el amor. Quisiera sentir toda mi vida mariposas en el estómago al verla venir de la brazo de nuestros nietos, quisiera temblar al sentirla a mi lado cada día al despertar; quisiera robarle besos mientras cocina la cena de año nuevo o del cumpleaños de nuestro hijo mayor; quisiera seguir emocionándome TODA MI VIDA de saber que ella, ELLA, SIEMPRE ELLA, es la mujer de mis sueños.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

...

Tengo una sonrisa dibujada en mi rostro. Pienso que es un poco por tu recuerdo y pienso que otro poco es porque he decidido que es mejor reír que llorar.

No te tengo y quisiera tenerte. No te veo y quisiera verte. Me gustaría saber de ti y no lo consigo.

Tengo intenciones de abrazarte y no lo logro, porque no me atrevo o porque te alejas de súbito.

Debo comprender que tú no quieres y que yo nunca dejaré de querer.

Los besos que tiras al aire, esos que regalas, esos subastados; me interesan, me seducen, pero me son lejanos.

Pensaba en el mensaje de texto que no contestaste y que soñé con que contestaras. En el día que estaba en el hospital y deseé con todo mi corazón que un milagro cósmico pasase y tú entraras por esa puerta blanca con flores; estaba recordando la vez en que había que escoger pareja para el baile y, por supuesto, no me elegiste. Recordaba el día que me despidieron por enviarte un e-mail, el cual nunca leíste, pero que yo lo envié porque quería recordarte que ese día, al igual que el anterior, te amaba.

Tenía en mi mente la llamada que hice para decirte "hola, te amo" y colgarte, pero que no sucedió así pues al ver mi número simplemente no atendiste. Pensaba en el día que llegué de sorpresa a tu casa con un ramo de rosas amarillas (las que te gustan) y que te encontré rodeada por los brazos de aquel tipo que un mes después te rompió el corazón.

Estaba recordando el día que te dije que te amaba a pesar de que tú no lo hicieras, sonreíste y me dijiste que no fuera tan ridículo.


Pensé hoy en el sueño que tuve el otro día, donde tú eras la necesitada y yo el necesario. Soñé que me amabas y para sorpresa tuya, un día de tantos, yo también te amé.


Sólo pensaba en esos momentos. Talvez porque hoy, por fin, después de tanto, has confesado que actuabas como idiota porque estabas enamorada y que te enamoraste como idiota de mí. Talvez porque hoy, estás en mis brazos y me besas sorpresivamente cada dos minutos. No sé, a lo mejor recordé eso porque te sigo amando intensamente y tú también. Porque me gustas y te gusto. Porque así es esto y así es aquello.


Esta no es una historia de desamor ni de amor. Es mi historia. Es tu historia. Es nuestra historia. Te amo.

Algo para decir

He tenido ideas en mi mente que no he logrado poner en letras. He estado el último mes por trabajo y placer a diferentes lugares de mi querido país.

Es emocionante eso.


Pero hay gente que siempre dice algo y hay gente que siempre tiene algo para decir. Yo considero que tengo algo para decir, al menos hoy.

AÚN TE AMO

Hola!

No sé cómo estás. Quizás extrañando a alguien en estas fechas. NO soy mazoquista, en serio que no. Pero hay una canción de Ricardo Arjona que recién escuché (aunque ya es viejita) y quería publicarla en este sitio. Quizás ya la hayas escuchado, quizás no te guste, quizás ahora te guste, y quizás, sólo talvez, te recuerde a alguien...





"Donde estés, creo que es justo que enteres que estoy bien, que sobrevivo; que vivo en la Calle Amores, piso seis, cuarto 28...y que ya no juego al fútbol por mi rodilla...

Que Manuel se casó y se fue pa' España, que fumo más y duermo menos, que hasta me dejé la barba y sobre todo que te enteres que a pesar de tus errores y los míos...AÚN TE AMO..., no sé si por idiota o por romántico, no sé si por novato o por nostálgico...AÚN TE AMO..., no sé si por iluso o fatalista, no sé si por cobarde o mazoquista pero te amo y no sé hacer otra cosa más que eso...



Aquí, todo sigue igual que antes, estoy solo como nunca, por eso escribo la presente y no pretendo que hagas nada, sólo quería asegurarme que supieras que AÚN TE AMO..., no sé si por idiota o por romántico, no sé si por novato o por nostálgico...AÚN TE AMO..., no sé si por iluso o fatalista, no sé si por cobarde o mazoquista, AÚN TE AMO..."

domingo, 6 de diciembre de 2009

PARA LLORAR

Mis queridos, los dejo con este espectacular fragmento, esta carta, quizás alguno la haya leído ya.



Es el texto vencedor de la III Edición del Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor:

“Bienes Comunes”, de Susana López Rubio.









Estimada Cristina:

Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.

Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.


Cosas a conservar:

- La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.

- El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.

- El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.

- La mancha de rimel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.

- La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.

- El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.

- Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.

- Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).


Cosas que puedes conservar tú:

- Los silencios.

- Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.

- El sabor acre de los insultos y reproches.

- La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.

- Las nauseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.

- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.

- Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.

- Jorge y Cecilia. Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.


Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc.) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo solo son eso: objetos.

Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (910000000) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento.

Afectuosamente,

Roberto.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Tienes ganas de besarme...

Tienes ganas de besarme – musité con la ceja arqueada y una sonrisa medio pudorosa y medio compasiva –

Pues…esa es la verdad – respondió la chica que se veía limpia, además de sincera y dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias con semejante declaración –



La conocí en una especie de cafetería bohemia donde hay música jazz en vivo algunos días de la semana y ocasionalmente asisten poetas, pintores o gente relacionada con ese tipo de arte. Este lugar está sobre la octava avenida de la zona 1 de la ciudad de Guatemala. Es un sitio relativamente nuevo que está cerca de la Plaza de la Constitución o Parque Central, como prefiero nombrarle.

Era temprano, quizás las 17:00 horas. Yo me acerqué porque siempre había tenido curiosidad por entrar a ese sitio. La vi en la barra sola, bien vestida, con un leve exceso de maquillaje y un escote pronunciado. En realidad no me considero un “casanova” ni nada por el estilo, soy demasiado tímido, no soy de los que “invitan a un trago” a las chicas, pero ése día llevaba un espíritu aventurero, extraño, queriendo hacer cosas diferentes.

Todavía es muy temprano – sugerí acercándome al tiempo que saludé al que servía los tragos como si lo conociera hacía mucho tiempo, pese a que era la primera vez que me veía por el lugar –

Ella se volteó, no dijo algo, solamente sonrió como invitándome a sentarse a su lado (no es exageración).

Saqué mi lado elegante y profesional, charlé en tono serio e inteligente con ella. Me dijo que era psicóloga y que su temperamento era sanguíneo, que necesita un hombre flemático como pareja.

Hasta donde sé, tengo un poco de cada uno de los temperamentos. Sobre todo flemático, colérico y sanguíneo. A veces soy uno y a veces soy otro, lo cual repercute en muchas áreas de mi vida, especialmente a nivel relacional y emocional.

En fin, el punto es que hablamos muy a gusto, me pareció inteligente (cualidad de suma importancia en las chicas que me atraen; ¡bingo!, si alguien quería saber cómo me gustan las mujeres, debe saber que he descubierto recientemente que quienes me han atraído tienen como denominador común, entre otras cosas, la inteligencia) y yo le caí simpático. Reía mucho, sé que tuvimos una buena química. Para entonces, ya llevábamos al menos cuatro tragos en la sangre cada uno. Bebimos algo que nos dijeron que es la especialidad de la casa, no sé qué haya sido, tenía un color similar al cian.

Noté que ella me veía de reojo a momentos, a través del cristal donde depositaron su bebida. Esa mirada me invitaba a salir de ese lugar y buscar un sitio más fresco, pero para entonces la noche se había apoderado de la ciudad y no es una ciudad muy segura en realidad.

De todas formas ella se atrevió.

– vamos a mi carro, quiero platicar y mostrarte algo – se veía despreocupada, como quien no quiere la cosa.
No respondí, sólo asentí. Pagué la cuenta, me despedí.

Justo al llegar al estacionamiento, que era medianamente oscuro y con varias columnas que sostenían el nivel de arriba, ella jaló de mi chumpa con violencia y me puso frente a ella, muy cerca. No hablo mucho, sólo se acercó de forma demasiado excitante.

– quiero besarte – dijo con autoridad

Antes que pudiera decir nada, gritó una carcajada y dijo: lo siento, siempre me aloco un poco, especialmente con los chicos que me gustan. Hace mucho tiempo que te vi por primera vez. Caminabas por los corredores de la universidad y me gustaste, te deseé desde ese instante. Pensé que quizás nunca tendría ocasión de hablarte, muchos meses, quizá años, y hoy, justamente hoy que quería emborracharme para olvidar mi pasado reciente, apareciste con tu barba a medio rasurar y tu propuesta galante de conquistar a la chica de la barra.

No supe qué decir, mi cerebro procesaba a gran velocidad tal declaración sorpresiva.



– tienes ganas de besarme – musité arqueando la ceja.
– pues… esa es la verdad – dijo acercándose de forma intimidante.
– ¿y qué harás al respecto? – propuse con un miedo espantoso.


Sin pensarlo demasiado me besó apasionadamente. Pero quiero hacer énfasis en eso: A-PA-SIO-NA-DA-MEN-TE. Verdaderamente la pasión le brotaba por los poros.

Se trepó de mi cuerpo, se inclinó con vehemencia hacia mí, de tal forma que sus pechos – bien formados – los podía sentir como dos esponjas.

Abrió la puerta del carro como pudo y sin dejar de besarme; estaba descontrolada. De súbito vino a mi mente un sinfín de imágenes del centro histórico, imaginé la Catedral, el Palacio Nacional de la Cultura, los murales de la Biblioteca Nacional y el Archivo General de Centroamérica, visualicé el Portal del Comercio y amé cada uno de esos lugares.



Ella tuvo varios orgasmos. Yo uno, porque los hombres carecemos de esa capacidad.

Amanecí en ese parqueo del centro histórico, desayuné en el Mercado Central con tortillas recalentadas, tostadas, como le gustan a mucha gente; varios frijoles, huevos y un vaso grande de atol de arroz en leche.


No me despedí de ella, estaba demasiado ebria y yo demasiado sobrio. Salí del carro como pude y caminé para la novena calle y novena avenida, frente al Congreso de la República; abordé un bus colectivo hacia mi casa y me dormí el resto del día.

viernes, 13 de noviembre de 2009

De mi paranoia

Me han dicho que soy paranoico. Me han dicho que siempre me hago la víctima. Me han dicho sencillamente loco. Y me han dicho “¿quién te entiende?”.

Me han dicho “te amo” (unas tres o cuatro personas, aunque de forma romántica sólo hay una); he escuchado que me dicen “me gustas” y en realidad todo eso me confunde un poco.

Hace unos días escribí sobre Diana. Razoné que sentimentalmente teníamos algunas cualidades. Sigo creyendo eso, aunque ella a diferencia de mí es lo más normal posible, se ajusta vehemente a las reglas impuestas (o auto impuestas la mayoría de las veces). No digo que es malo ser normal, pienso nada más que hay ocasiones en que debemos hacer lo que queremos hacer y dejar de lado lo que “tenemos” qué hacer.

Ella es un puño de sentimientos. Pero hoy no me interesa hablar de ella, considero que a nadie le resulta relevante, ni siquiera a mí. Ella es un ser que existe, que ocasionalmente se porta agradable y punto. Esa decisión la ha tomado. Por cierto, de entre los epítetos que he escuchado sobre mi persona, nadie me había dicho que me burlaba de “sus cosas”. Normalmente soy el buen amigo que aconseja, pero para ella resulté ser alguien que se burla de su vida; así que nunca más opinaré al respecto.




En fin. Talvez estoy loco, paranoico y soy burlón, pero he decidido reírme de mí mismo siempre. Ser feliz, amar, compartir con mis amigos y sonreír más. He decidido dejar el drama y comprender que la vida es una gran bendición y muy divertida.



Post data. Una chica me regaló una vez un huevo de cera, siempre quise saber por qué.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Esto lo escribí en la semana del 2 al 11 de noviembre de 2009:

Siento estrujado el corazón.

Cierro los ojos antes de escribir estas letras, pienso en Diana, imagino que cuando ella lea esto sentirá cómo su atención es atraída por leer su nombre acá, al alcance de todo el mundo y saber que estoy hablando precisamente de ella.

¿Por qué hablo de ella? (¿por qué hablo de ti?), pues todavía no lo sé.

Ayer recibí un correo electrónico de una amiga, que coincidentemente fue mi novia. Hablábamos de una chica que es mi amiga y que quiero que sea mi novia. Escribió algo así como esto: “estoy convencida de que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, siempre hay un propósito”.

Y pensé en Diana (sí, pensé en ti, o en vos, como dices a veces; me gusta cuando me tratas de vos, te siento como mi hermana, mi amiga). Pensé en ella porque creo efectivamente es una de esas personas que no llegó por casualidad a mi vida. En mi alma se abriga el sentimiento de que el mismísimo Dios quiere hacer algo en ella, cambiar su manera de pensar.

Diana es una chica que conocí hace unos ocho años aproximadamente. En realidad no la conocí ni la conozco tan bien, sólo supe su nombre, la veía de lejos y me parecía inteligente, a parte de asombrosamente seria. Ella en realidad daba la impresión de ser alguien importante, individualista, feminista, divertida, estudiosa, inteligente e inadaptada a los cánones de la mayoría de personas de su edad; parecía que no le importaban las “niñerías” que a los demás, pese a que ella era precisamente sólo una niña. Una niña que se convirtió en mujer. No sé por qué razón ella era así. En realidad yo también siempre fui un niño muy precoz, serio, no jugaba los juegos que la mayoría y prefería hacer “cosas inteligentes” acordes a mi edad, que perder el tiempo en cosas simples “acordes a mi edad”. Y a la fecha es así. Prefiero hacer algo que produzca, que estimule, que parezca mejor; a simplemente pasar el tiempo. Aunque he tratado de convencerme de lo contrario al encender el XBOX 360º que está en la sala de mi casa, el cual por supuesto, no es mío, es de mi hermano.

Pero no me interesa hablar de ella. Sólo ilustro su personalidad porque me parece importante.

Me parece que las personas bonitas como ella (hablo de su personalidad, no de su físico; y no porque físicamente no sea bonita, sino porque es importante aclarar a qué me refiero) deberían ser muy felices. Todo lo tienen controlado, exageran en la perfección de las actividades que realizan, suponen que porque ellas dan su mejor esfuerzo todo va a salir bien y, mis queridos, NO ES ASÍ.

Y hablaba de ella porque es precisamente ella quien me ha hecho tener una retrospectiva de mí mismo. Se parece a mí en algunas cosas (o quiere ser como yo, no lo sé; aunque a juzgar por el desconocimiento que tenemos el uno del otro, supongo que somos parecidos, nada más), tiene pensamientos que en esencia son como los míos, tiene sentimientos que en esencia son como los míos y eso es algo fascinante, bonito, agradable, divertido.

Y creo que ella ama casi con tanta intensidad, pasión y necesidad como yo, lo cual me conmueve. Las personas que tienen la capacidad de amar como ella son especiales, trascendentales, aunque debo reconocer que el amor de ella es egoísta, con un sentido de pertenencia muy alto.

Así que Diana, la chica seria que conocí hace mucho tiempo y que ahora ha aparecido nuevamente en mi vida para bendecirme (espero que yo también bendiga su vida), es así. Se parece a mí en muchas facetas de su vida. Me gusta que sienta, me gusta que duela.

Otra vez: por qué hablo de ella.

No hablo de ella, hablo de mí. Empecé diciendo que siento estrujado el corazón; y se me pone así porque el amor romántico, carnal, hacia otra persona, provoca eso. Amar con tanta vehemencia, dedicación, ansiedad, esfuerzo y necesidad, hacen que se estruje ese músculo que antiguamente se conocía como el cúmulo de emociones, sentimientos y pensamientos*. Y Diana, la chica que se sentaba en unas graditas con gente que parecía odiarme, creo que siente de esa forma. Ella es caprichuda, perseverante, necesita tener lo que quiere, más por el sentido de convicción de poder hacer las cosas, que por cualquier otra razón.

Cuando la veo amar, me veo a mí amando.

Cuando pienso, la veo a ella pensando.

Es una mujer (M-U-J-E-R), bien hecha, con todo lo que esa hermosa palabra implica. Tiene sus fases completas, como la luna. A veces es insoportable, a veces quieres besarla en un atardecer rojizo. Es irregular, como las mujeres intensas. Es apasionada, como sólo las mujeres entienden. Tiene vergüenzas, le da pena la mitad de las cosas que la mayoría hace o piensa hacer y además, por si fuera poco, es una soñadora empedernida como yo. Se ilusiona fácil, como los niños, lo cual es increíble. Me enamoro de la gente que tiene la capacidad de sueños y de asombro.

Yo no estoy enamorado de ella. No siento por ella una atracción romántica ni física ni espiritual a nivel relacional. Hablo de ella y la describo porque se me da la gana hacerlo. Hablo de ella porque es un excelente ejemplo hacerlo. Hablo de ella porque el día que tenía estrujado el corazón, ella apareció en mi mente y apareció porque a momentos pienso que ella también tiene estrujado el corazón cuando ama infelizmente.

Siento que ella siente como yo.

Cuando siento el amor, pienso que ella ya ha sentido eso.

Cuando creo que se me rompió el corazón (siendo muy dramático), pienso que ella ya ha sentido eso.

Ella es sensible, dramática y romántica como yo.

Je, un abrazo Dianita. Salud. Somos historias diferentes que se unieron en alguna parte, ¿cierto?





*Antiguamente “corazón” se le llamaba a la idea del cúmulo de emociones, sentimientos y pensamientos, razón por la que se determinó que “corazón” se le llamaría al órgano que emana sangre para que todo el cuerpo funcione bien. Es en realidad un símil.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Deprimido, triste, arrogante, víctima

Hoy me siento deprimido, triste, arrogante, víctima.

No pregunten por qué. Quizás sólo estoy en mis días difíciles del mes. Todos los tenemos, ¿cierto?

Lamento defraudar constantemente a las personas. Cuando les confieso que padezco de una baja autoestima, las gentes me reclaman, se molestan conmigo.

He escrito dos e-mails a una amiga que amo con toda mi alma para sincerarme con ella porque pues es una persona espectacular que siempre ha estado allí para apoyarme y eso le hace un increíble bien a mi corazón.

Y ahora me siento mejor, al menos siento que comparto la pena que siento. Tengo ganas de estallar en llanto (lo siento), y pues así es esto.



¿Qué me pasa?, ¿por qué estoy así?, pues lo mismo de siempre. Ese amor que se presenta frente a mí, se ausenta frente a mí y se burla de mí.

Pero eso es parte de crecer, hay que ser lo suficientemente hombre para aceptar que te equivocaste, que perdiste, que debe iniciar de nuevo, que debes seguir con el plan de conquista o que debes retirarte definitivamente de él. Y yo he aceptado todo eso.




Chicas, cuando un chico les esté conquistando, siempre sean sinceras y háganles saber sus sentimientos, pero por favor, estimulen su sentido de cortejo, para que puedan encontrar a "su chica". Si no es contigo, será con otra y tú has servido para acortar su búsqueda.


Chicos, sigamos siendo caballeros, sin aprovecharnos de los sentimientos maravillosos de ellas.


Un abrazo para todos.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Si tú me amases

¿Cuál es mi sueño más grande?, una vida a tu lado.

En realidad, eso es mentira. Mis sueños son muchos más grandes que eso; de lo que no tengo duda alguna es que en cada uno de mis sueños, apareces tú.


Siempre he soñado una casa de campo, y tú estás en ella.

Siempre he soñado con tres hijos, y ellos te dicen “mami”.

Siempre he soñado con viajar, y tú vas a mi lado.

Siempre he querido conocer gente diferente, y tú lo haces conmigo.

Si tan sólo fuera realidad mi sueño. Si lograra conquistarte, si mis esfuerzos encadenados consiguieran enamorarte. Si tus sonrisas fueran para mí, si las mariposas en tu estómago, las sintieras por mí. Ah… (suspiro), si las pláticas con tu mejor amiga, fueran respecto de mí, si tú me amaras…

Talvez si tú me amaras, yo te odiaría. Quizás si tú estuvieses enamorada de mí, yo te desconocería y te vería como una amiga más. De pronto si tú suspiraras escribiendo mi nombre en el cuaderno de la universidad, yo no sabría tu número telefónico de memoria.

Si tú me amases, talvez yo no lo haría. Porque así es el amor. Porque a ti te tocaría sufrir y a mí procurar “no dañar tus sentimientos ni hacerte falsas ilusiones”.

Si tú me amaras, si yo te gustara, si tú estuvieras enamorada románticamente de mí; talvez yo te odiaría y no escribiría esto.

O talvez, sólo talvez, si la bendición del cielo y el destino divino fueran idénticos a los deseos de mi corazón, si tú me amaras, descubriríamos un mundo distinto, nos amaríamos como la gente no lo ha hecho hasta la fecha, yo te entregaría lo mejor de mí para verte sonreír y derretirme con esa sonrisa que consigue mi felicidad.

Talvez si tú me amases, éste mundo sería perfecto por algunos segundos, ésos segundos en que estoy a tu lado; talvez tú…, talvez tú me amas y aún no lo has dicho…, talvez te gusto y estás esperando el momento indicado para decirlo, como toda una dama…


Pos data. Sospecho que no me amas, pero que pronto me amarás.

martes, 3 de noviembre de 2009

Ideas

Los dos días más recientes, mientras camino por la calle he observado a las personas. Normalmente salgo del edificio donde trabajo, veo a las gentes; unos vendiendo, otros corriendo, algunos caminando con celular en mano gritando carcajadas, pero sobre todo he notado que a nadie le interesa lo que el otro hace; total, no es su asunto.

Pero menciono eso porque a veces vivir se hace monótono. Vamos, venimos, volvemos a ir y regresamos y no pasa nada diferente; todo es igual, no hay variación.

He padecido también recientemente de dolores de cabeza, relativamente fuertes, no sé por qué y a ratos, como en éste preciso instante, pienso en la gente de los manicomios que es forzada a consumir un medicamento que los mantiene emocionalmente estables. Yo evito a toda costa las pastillas, porque me siento farmacodependiente y no me gusta esa sensación.

¿Por qué hablo de cosas tan dispares a la vez?, no lo sé ni lo entiendo. En realidad sólo quería liberar un poco mis ideas, escribir algo mientras espero que el reloj marque la hora para retirarme a mi casa. A veces el trabajo se vuelve tan monótono que no lo soporto; yo padezco de necesitar cambios drásticos todos los días, de estar en constante movimiento y cambio, para sentirme pleno, de emociones fuertes que me hagan experimentar nuevas cosas.

El amor. No sé qué escribir del amor. Pero quiero decir algo que se ha mantenido en mi mente los últimos días: si tú amas a alguien y ese alguien no te ama, vas por buen camino, has encontrado otra persona que no es tu chica o chico ideal, por lo tanto, estás cada vez más cerca de encontrar a ese alguien especial. No es “uno más que no resulta”, en realidad es “uno más que descartas y que por lo tanto te acerca más al elegido o elegida”. No sé si logras ver el punto que quiero transmitir. Es al estilo Thomas Alba Edisson: cada fracaso no era en sí un intento fallido, era conocer una forma más de cómo no generar la electricidad por medio de un bombillo, lo cual concluía en que estaba más cerca entonces. Es algo así como la ley de las probabilidades.

Además, si esa persona no te ama como tú le amas a ella, pues obviamente no es la persona de tu vida, porque el amor (aunque en esencia es dar) también debe ser recíproco.

Ama, da lo mejor de ti.

Sin embargo, tengo una duda: ¿hasta qué punto hay que amar?, hay que luchar, esforzarse, dedicarse a conquistar, es cierto. Pero, ¿hay un límite a caso? O mejor pensar “si no me quiere, otra me querrá”. Buenas preguntas. Quizás hay respuesta.