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viernes, 13 de mayo de 2011

Reflexión postvacacional

Esta semana estuve recorriendo la parte norte de Guatemala.

Visité algunos lugares exquisitos, como la isla de Livingston en Izabal, donde vive la cultura garífuna; estuve en el Parque Nacional Tikal, en Petén.  Pero a lo largo de esos días, frente a paisajes majestuosos, uno tiene la oportunidad de pensar, reflexionar y alejarse de la rutina, claro está.

Uno comprende alejado de la gran ciudad que las cosas son sencillas y nunca pudieron serlo tanto.  Uno reflexiona acerca de lo sencillo que es vivir, es sólo eso.  Si alguien tiene aire en los pulmones, hace lo que ama, vive con quien ama, tiene una casa, energía eléctrica (por las comodidades que eso implica), alimento, agua, debería ser feliz.  A veces nosotros nos esclavizamos porque queremos la ropa de moda, los zapatos que "nos gustan" (en realidad sólo respondemos a un estímulo publicitario, a una comunicación hipodérmica), la televisión de más alta tecnología y nos olvidamos de lo básico que es vivir, compartir con personas que amamos, reír más y soñar menos aquello que nos han dicho que soñemos.

El sueño americano es una utopía, una estupidez.  Se confunde el desarrollo y el bienestar con la acumulación de bienes materiales que en nada saca provecho uno.

Así es esto.

Dicho sea de paso; he decidido, oficialmente, dejado de luchar por razones equivocadas.  La vida es sencilla y nunca pudo serlo tanto.  

Eso de andar "conquistando" gente, no se me da.  Yo soy así como soy porque es el resultado de mi formación y mis creencias.  Pero ya no haré nada más.  No me siento bien yendo tras esperanzas de encontrar algo diferente; uno no puede hacer que la gente cambie.  Uno no debe procurar que la gente sea distinta, debe aceptarla e inspirarla, sin mediar palabra ni nada, a ser mejor.

Y yo he comprendido eso; debemos aprender a no ser necios.  Debemos madurar, crecer, comprender que a veces las personas nos atraen por lo que se ve, pero no nos atrae lo que son.  Y el tema de la no atracción, no es tan grave.  Es sólo una situación, en todo caso, siempre queda la amistad.

Las cosas sencillas de la vida, como el amor, deben disfrutarse con la naturalidad del caso.


Éste, mis queridos y queridas, ha sido el fin de un capítulo.  Un capítulo que no calificaré de bueno o de malo, sólo diré que lo he finalizado, o que al menos intentaré acabar con él, todos tenemos nuestros días difíciles y los míos son insoportables.  Mejor me deshago de lo que no tengo.  Mejor me alejo de lo que está lejos.

sábado, 7 de mayo de 2011

De la monotonía

Ocasionalmente uno se aburre de dar.  Uno se cansa de ser siempre el que es romántico, cariñoso y que a cambio no recibe nada.  Me explico y verán que no me contradigo cuando escribo que el amor es dar desinteresadamente.

A veces uno quisiera simplemente no hacer algo.  Uno mal acostumbra a las personas; las mal acostumbras a llenarle los oídos de palabras bonitas, de letras que eleven su ego, de sonrisas y cosas así.  Pero a veces uno se sentiría dichoso si también recibiera eso.  Por supuesto que no digo que ese sea el caso de todos; habrá quienes les parece ridículo leer poemas o cartas, les parece falso las palabras bonitas, pero particularmente a mí sí me gusta, no es algo que me obsesione o un requisito o algo parecido, es solamente algo que me gusta, un detalle pues ocasional.

Claro, tendré qué encontrar a alguien que esté en la disposición de hacerlo, más que la disposición, que lo haga naturalmente, que de adentro de sí nazca el deseo de ser de esa forma.

Hablo puras cosas raras quizás, qué sé yo.

El payaso tal vez se cansa de estar maquillado, pero jamás de hacer reír a los demás, sólo en esa actividad se siente pleno porque para eso fue creado.  A veces el futbolista tal vez se aburre de el show, las entrevistas y eso, pero jugará con el balón aún sólo en el patio de su casa; el payaso necesita de risas y el futbolista de un balón.


Y a veces uno también quiere saber que lo hace bien, uno da desinteresadamente, pero eso cansa, y es tiempo de descansar.


Ya no.  Se acabaron las palabras bonitas.  Dejaré de ser yo algún tiempo.  Me aburrí, me cansé.  Esperaré a ver quién motiva a mis palabras de nuevo.


jueves, 28 de abril de 2011

De las cosas que digo

Les diré una cosa: aquellas personas que no estén dispuestas a cambiar por amor, no merecen vivir la experiencia transformadora del amor.

Los tontos dicen que si alguien te ama, te aceptará tal cual eres.  Atención: no digo que haya que mutarse y tratar de "hacerse al otro", digo que es falso que no haya que hacer ningún cambio.  Uno quiere ser mejor cuando conoce a alguien que ama.  Uno cede.

Alguien me preguntó al respecto hoy, pero fue más allá, me preguntó que si cuando uno ama espera siempre ser correspondido.  MI respuesta sigue siendo firme, uno ama y ya.  Espera DAR, no recibir.

Particularmente siempre que doy, no recibo.  Y siempre que he recibido, no he dado.  No coincido.  Pero veo que cuando me doy todo, la otra persona NO MERECE, aunque claro no por eso dejo de dar, doy porque siento hacerlo, porque quiero además, pero pues nada más.

Hoy mientras regresaba de la universidad, hablando con una chica muy bonita y un compañero, pensaba que debo admitir que cada día me enamoro más de las mujeres, no de una en especial, sino de lo que ustedes son.

No trates como prioridad a quien te trata como opción.  Es peor un "ya no te amo" o es peor un "te quiero como amig@".  Eso preguntaba alguien por Facebook también.

Y no tengo respuestas para todo, sino muchas preguntas.  Dicen también que estoy escribiendo ahora en este blog con una inusual amargura, muy frío, muy sincero y del corazón como siempre, pero frío.  Y quizás sea así, qué sé yo.

Admito, repito que me gustan las mujeres, pero digo que jamás he deshonrado a una mintiéndole respecto de lo que pienso o siento, jamás he inventado algo para conseguir cosa alguna con ellas, nunca he traicionado a una mujer o sido infiel, porque sencillamente no soporto eso, o sea, me parece demasiado indigno de un verdadero hombre.

Mis queridos, mientras bebo una leche caliente con un poco de café (me gusta la leche con café, en vez del café con leche, es mucho más rico), a pesar de que estamos en un caluroso verano, quiero decirles que no se trata de ninguna otra cosa, el amor, más que de estar dispuesto a destaparte, para que otro se tape por las noches; de levantarte media hora antes para hacer dos desayunos en vez de uno (o tres), se trata de aprender a cocinar porque quizás ella cocine tres veces a la semana y tú las otras tres y una salen por ahí a algún restaurante con la excusa de verse a los ojos como cuando deseabas conquistarla y acordabas desayunar, almorzar o cenar con ella, sólo para tenerle enfrente, decir cualquier cosa, la cosa era escucharla reír, verla sonreír, divertirla, sacarle de la rutina, hacer que piense en ti.

El éxito mis queridos es hacer que ella te extrañe, aún teniendo poco tiempo de conocerse (no hace falta una vida, un hábito se forma en 21 días), es hacer que el chico que pretendes piense en ti  a toda hora, que desee que entre un mensaje tuyo, un e-mail, ver una actualización en las redes sociales con tu nombre; la mera cosa es conseguir que esa persona desee enviarte un mensaje pero por el orgullo y por el sentimiento de "yo no hice nada malo" no lo haga.

Amor es sentirte culpable aunque no lo seas y pedir disculpas.  Amor es dar, antes que recibir.

No hablo de un amor enfermizo en el que dejas de pensar y te vuelves loca o loco por la otra persona.  Hablo simplemente que la experiencia de amar es esa.

Aquellos incapaces del corazón que no arriesgan y quieren que siempre otro se arriesgue por ellos, pobres.  Pobres aquellos que dicen que "jamás se humillarán", porque, si algun@ así lee esto, sabrá que es cierto que carece de la capacidad de enamorarse.

Claro que "enamorarse" no es un asunto estático, algo que es metódico, que hay formulas, vulgarmente digamos que es "algo que pasa" y ya.  Pero hay gente que simplemente no merece la experiencia de amar.

Deseo con todo mi corazón que la vida les sorprenda, déjense.


P. D. En diciembre me gustaría ir a El Salvador, hay alguien de ese país que lea este blog?

miércoles, 27 de abril de 2011

Quiero volver a donde todo comenzó.  Quiero regresar a la verdadera fuente, a aquella cosa importante, a ver, sentir, palpitar lo que en realidad es importante.

Quiero confiar en lo que confiaba.  Quiero ser lo que fui.

Quiero deshacerme de la vida, rehacerla.


Quiero desconocer a toda la gente y volver a encontrarme con cada uno.  Darle un beso en la mejilla a todas las personas mujeres que conoceré de nuevo y que quiero re-conocer.  Darle un abrazo a aquellas personas hombres que decidí confiar para invitarlos a mi nueva vida.

Me gustaría olvidar el pasado. Los tontos dicen que no borrarían nada del pasado porque eso los hizo ser como hoy son; eso no es cierto.  La mera verdad es que hoy somos lo que una gracia superior quiere que seamos, el pasado malo y los errores, son precisamente errores.

Uno no puede estar agradecido de los errores que ha cometido ni de aquellas cosas que debió no hacer.

La vida es y deja de ser.


Me niego a continuar.  Me niego a retrasarme.  Alzo la mano, protesto.


Stop.  No puedo y a la verdad tampoco debo seguir así.


¿Querían respuestas?

Éstas son.  Éste soy.  Mucho gusto.  

¿Querían que el blog volviera a tener la misma intensidad de al principio?
Acá estoy, escribiendo más con el alma que con cualquier otra cosa.

Que Dios me bendiga. Perdón si alguien sale lastimado por mi carácter, mi extraña, amorfa y descompuesta forma de ser recurrentemente.

Un abrazo.

Adiós, mundo cruel.

De mi lejanía

Quisiera estar lejos.

Donde la gente no me conoce, pero es encomiablemente amable.

Me gustaría no dejar de aparecerme por un momento.  Quisiera no ser quien soy en este instante.  Mañana volver, traer las maletas de vuelta, sonreír porque estoy en casa de nuevo.

Quiero volver del lugar del que salí y que cada vez lo veo más distante.  Quisiera llegar a ese sitio donde las cosas son calmas, quietas, con paz, sin agitaciones peligrosas, pero sobre todo: con una armonía y sensibilidad que sólo la parte espiritual la dá.  Comprender ciertos asunticos íntimos del amor.  El verdadero amor que es una persona.

Deseo deshacerme de mí y encontrarme luego conmigo.  Saludarme, tomarme un café, no escuchar a nadie, sólo sentarme, dejar de hablar, callarme un poco, quitarme lo cansado, sacudirme la rutina de los días, que el constante estado cata-tónico que suele estar y no deja de ser, simplemente desaparezca.

Quiero estar cerca, ahí es.

La vida nos agita, nos sorprende.  La vida es como un Alka-Seltzer, como una cerveza, que se sube toda la espuma en un instante pero que puede ser sólo un espejismo pues la cosa en realidad ni es tanta como parecía, ni es tan exquisita como se mostró en el comercial para televisión retocado.

La vida nos augura.  La vida nos equivoca, nos lleva a emociones fuertes que alteran la posibilidad de nuestros días.

Es mejor la mesura, es mejor la quietud.  Es mejor sentarse en una ventana a ver la lluvia caer tomando leche con café, en vez de café con leche.

Eso no es "no correr riesgos" como los tontos podrían pensar, eso simple y sencillamente es aventurarse a quedarse estático.  Suena contradictorio, pero es real.  No por mucho correr se es mejor y sobre todo más feliz.

Lo más importante de esperar, es saber cuándo actuar.

Yo sigo esperando.  Aguardo el momento indicado para actuar.  De momento, mis actuaciones, aquellas apariciones en el telón han sido medianamente aplaudidas por el público que llega a ver el ensayo, la verdadera obra aún no se estrena y no sé cuándo será la vez primera que, ante todos, ante el gran público, se presente.


Shhhhh...hoy no estoy, está sólo mi ausencia.

sábado, 23 de abril de 2011

De Pablo

Hola, mucho gusto.  Soy yo otra vez.  Mi otro yo está un poco dormido, jodido o encandilado de tanta luz, a saber qué le pasa, a dónde va o qué.

Hoy una amiga me dijo que yo ando "cantineando" a todas las mujeres (en "guatemalteco" eso quiere decir algo así como "seduciendo", "enamorando" a todas las mujeres).  Al respecto debo decir algunas cosas: no sé por qué tengo la desafortunada manía de tratar de ser elegante con las palabras (a lo mejor porque soy periodista y comunicador social, será por eso? mi capital, mi materia prima son las palabras, por lo cual no las considero un adorno sino que ellas son mi todo, mi mera tarjeta de presentación).

Si veo a una mujer que es físicamente atractiva, con todo el respeto que me merece y si la situación lo permite, debo decírselo.

Si hay una mujer que me transporta con sólo estar ahí, debo decírselo.  Pero por supuesto que hay situaciones, personas y cosas que nos hacen transportarnos mentalmente a otro espacio y a otro tiempo, pero eso no indica que estrictamente nos sentimos atraídos.

Admito que he cometido errores en mi vida, y que, como hablaba con una mujer que admiro y aprecio, he lastimado a personas sin querer hacerlo.

A esa misma mujer quisiera jamás tocarle el corazón para dañarlo.  Quisiera ayudarle, bendecirle, aportarle algo.

Juro solemnemente que mis intenciones son buenas.  Y yo siempre le advierto a las personas cuando recién me conocen, a las chicas, que por favor no se enamoren de mí, no es alejarlas sin saber qué o qué, ni es predisponerme ni llevármela de cassanova, sólo que prefiero que el corazón ajeno se mantenga en paz y sano. Y que si la cosa pasa, pase.


Yo no sé mañana, me dijo una mujer (MUJER, con mayúsculas; aunque sea niña, cosa que le agradezco infinitamente, sino tuviera eso que la hace niña, no le hablaría, ni ella a mí de seguro) y creo que es así.


No le huyo al compromiso ni le temo a esas cosas.  Soy hombre y siempre voy de frente y soy responsable con lo que digo, pero sobre todo con aquello que escribo, asumo las consecuencias.


Y ya.  Eso es todo por hoy, creo.  No me sale más. 


Cápsula post Semana Santa.  Casi terminó esta semana tradicional en nuestros países.  Soy consciente del daño social que ha provocado la religión organizada; acepto y admito que los evangélicos, católicos y demás seguidores de las diferentes sectas cometen errores recurrentemente como personas.  Estudié teología también (oh sorpresa) y podríamos discutir apasionadamente del origen de la Biblia y demás temas recurrentes.  Pero aunque la reliigón es nociva, dañina, inútil, la persona de Jesús es real y recordar su muerte y resurrección, anunciar que resucitó, me parece un acontecimiento muy importante, pese a cualesquiera de las formas de hacerlo.  En todo caso, el objetivo de esta fecha se cumple: pensar en la persona más importante sobre la faz de la tierra.

miércoles, 13 de abril de 2011

Carta de alguien que sabe que una mujer se enamoró de él

A quien interese:

El motivo de la presente es para hacer constar que soy importante para alguien, es para que todo aquel que esté interesado y tenga la oportunidad de leer esta misiva, esté enterado de que hay una mujer  para quien soy importante y que decididamente necesita de mí para vivir.  Necesita de mí, no en el estricto sentido biológico, sino en el mero aspecto relacional, del corazón, afectivo, sentimental.

Soy importante para ella, eso lo sé.  De hecho, tengo certeza de que lo soy.

Percibo un comportamiento ajeno a su vida normal.  Alteré sus días, sus horas, sus motivaciones.

Desde que me conoce, y desde que aceptó que me ama y que le gusto, su vida  ha pasado de ser simplemente su vida (con sus depresiones ocasionales, sus alteraciones y cambios de humor extraños) a ser una vida feliz, plena.

Ella tardó algunos meses en aceptar que me ama.  Seguramente porque las experiencias de su vida pasada hicieron que su carácter fuese duro, áspero, pero con una dulzura exquisita.  Me hace recordar a los dulces de menta que tienen chocolate en el centro; a veces la menta es muy fuerte, picante, desesperante a caso, pero aquel que sigue, llega al fin a disfrutar el chocolate mentolado, ese sabor extraño, rico, entre dulce y una mezcla de no sé qué.  No tengo la menor idea sobre la razón que le hizo tardar tanto en admitir que se había enamorado de mí; yo se lo advertí, le dije que acabaría amándome.  Aunque, ahora que recuerdo, también le pedí que no se enamorara de mí, porque yo conozco que quienes antes lo han hecho, no han soportado, se rinden, no continúan hasta llegar al punto álgido, como en la parábola de la menta.
No me importa.  Ahora que ella me ama siento que mis días tuvieron una razón de ser, veo con mayor claridad las cosas y simplemente soy feliz.  Es inevitable sentir que la cosa es mejor porque ella está a mi lado.  Bueno, cuando estuvo.

Ella me ama, me amó.


Lamento no estar en este instante con ella, desde el día en que lastimosamente tuve que irme para siempre de su vida.  Es que se lo advertí! le repetí que no se enamorara, que la cosa que llevo en mi cuerpo me mataría lentamente y así fue.

El 6 de agosto de 2008 morí.  Morí porque la vida es así, te da y te quita.  Pero he aprendido de que lo perfecto es así.  Lo perfecto no es eterno, porque lo eterno (a excepción de lo divino) nunca funciona bien siempre.  La realidad después del "y fueron felices para siempre" es que la vida real empieza y el hechizo y la magia se acaban, la crudeza de la vida es disinta.

Lo nuestro en cambio fue perfecto porque ella me amó tanto como pudo amar a un hombre; y yo la amé, tanto como quise hacerlo.

jueves, 24 de marzo de 2011

Estoy cansado

Encuentro mi corazón un poco cansado.  La mitad de latir (no estoy viejo, sólo cansado para eso hace falta: descansar) y la otra mitad de sentir.

Entre mi latir y mi sentir se encuentra un espacio mínimo.  Quizás el espacio no es espacio como tal, sino una simple división que debe existir para que haya diferencia.

Me toma tiempo comprender cómo funcionan los corazones y las mentes ajenas.  A veces quisiera simplemente compartir el corazón - no en el estricto sentido romántico, sino relacional - con otra persona.  Sólo quisiera ir a un lugar, equis, y tenerle ahí, indefectiblemente.  Hacer lo que quiera.  Verla, decirle aquellas cosas que quiero decirle porque eso pienso.  Hablar sobre política si me da la gana, hablar de sexo si quiero, o decirle de la religión, aquellas cosas que me carcomen.

Me gustaría caminar, estar en alguna montaña alta, verle, sólo, sin explicar algo.  Sin excusarme, sin el desgraciado sentimiento de posesión sobre la otra persona.  Que la libertad exista, de odiarle o de amarle.

No necesito una musa, como me dijo alguien.  Ni siquiera necesito una excusa.

El amor es en esencia: tener la libertad de amar a cualquiera, y decidir amar a la misma persona, cada día.

Quisiera tomar café con ella.  Reformulo: quisiera beber chocolate viendo el lago de Atitlán, desde Panajachel, en Sololá.

Me gustaría escuchar jazz al tiempo que los multicolores indígenas pasan, ofrecen productos que venden también en la zona uno de la ciudad de Guatemala, pero que allá por alguna razón parecen ser más típicos.

Me gustaría después escuchar sonidos típicos, luego escuchar el silencio.  Quisiera esperar que anochezca, sin tener ninguna pena por la cosa que pasará si despierto tarde.  Desearía tener esa compañía, pero no la compañía que acompaña el cuerpo, sino la compañía que acompaña al alma.

No necesito una mujer para darle un beso, tomarle la mano o para entrar y salir de su cuerpo; tal vez sólo quiero un ser humano extraordinario.  Y conozco seres humanos extaordinarios.  La mayoría de ellos, fríos como el hielo, pero con una luz que ni ellos mismos ven y lo confunden con su carácter egocéntrico, frívolo, con esa desgraciada incapacidad de sentir; diré más aún: no tienen incapacidad de sentir, tienen incapacidad de expresar aquello que sienten, pero que está ahí.  No está ahí tan apasionadamente como en la gente cursilesca, no está ahí tan al borde de la vista como en aquellos que dedican poemas, escriben cartas y regalan flores, pero está.  Está escondido, encerrado.

Y  yo.  Sólo estoy un poco cansado.  No desilusionado, aunque al borde.  Estoy feliz, pero consciente de que la vida nunca pudo ser mejor ni peor.  La vida es cada vez, eso es todo.

Me divierte soliloquiar como en este caso.  Me gusta, me fascina que la gente me sonría sin razón.  Me entretiene que las personas se tomen el tiempo de querer descubrirme.

Quiero ser aquello que soñaste sin dejar de ser lo que yo siempre soñé ser.

Quiero decir lo que nunca dije y sentir, aunque sea la mitad de lo que se siente cuando todo empieza a suceder adentro de ti y viene de afuera.

Ya sé que no has vivido la experiencia de no soportar vivir sin la otra persona, no concebir tu día sin leer algo que te lleve a él o a ella, no soportar expresarle lo que te provoca: que te gusta, que te agrada, que le quieres, que le amas o que ocasionalmente le odias.

Amar es también haber odiado a esa misma persona algunas veces.  Es tener razones, todas, suficientes, para odiarle, pero aún así amarle.

Amar es tener argumentos válidos para odiar, pero de todas formas amarle.  Y no digo que quieras odiarle sólo porque sí; amar es dar, aún sin recibir.

La persona que esté dispuesta a proteger los sentimientos ajenos, aún sobre los suyos, encontró aquello que la gente busca en canciones, en letras y en tanto lugar: amor.

La persona que esté en la disposición de trabajar para que otro coma, ama.  El que está dispuesto a destaparse, para que otro se tape, ama.  Y en definitiva aquel que pone el bien ajeno, pese al suyo, aprendió a amar.


Estoy cansado.  Nomás tantito.  Pero estoy hartamente feliz.

Hoy estoy feliz, me encuentro a mí mismo feliz.  Feliz porque la muchosidad me abriga.

Feliz porque sí.  Sólo porque sí.



Post data.  Mucho gusto.

martes, 15 de marzo de 2011

De lo que sucede adentro de ti

Adentro de ti, la soledad (revolucionario por naturaleza) se alió con tus sentimientos y ambos están haciendo una protesta.

Tu soledad, aquella cosa que experimentas cada tarde-noche al llegar a casa, sentirte sola, vacía, sin el vaivén y corre-corre que alguna vez tuviste, y tus sentimientos, que han deseado sentirse amada, pero sobre todo, protegida y segura, han decidido hacer una revuelta histórica.

Estás desconfiada, pero por alguna extraña y curiosa razón, también estás dispuesta, por primera vez en tu vida, a hacer aquello que jamás hiciste, a entregar aquello que jamás entregaste, a decir las cosas que nunca dijiste.  Estás convencida casi con total certeza de que yo no te haría daño por ningún motivo.

Reconozco en ti la mirada de cuando la ilusión se apodera de la persona que desea amar.

Conozco con precisión cada movimiento que haces, sé que quieres gustarme.  No necesitas esforzarte.

Me fascina el puño de inseguridades que eres.  Me divierte la cosa maravillosamente diferente al resto de la gente que intentas ser.  Amo la intención inconsciente de destacar que hay en ti, pero que resulta ser timidez y por momentos frialdad despiadada.

Haz engañado al mundo con tu forma de ser, con excepción mía.

Lo que sucede adentro de ti es que te estás impacientando mucho por mí.  Lo que sucede adentro de ti es que aún hay dicotomías que estás aclarando.

La cosa que pasa adentro es que no sabes si mostrarte "difícil" como son las mujeres o ser sin rodeos, ir con la cara al sol.

Olvidate de esas cosas.

Piensa en la otra vida.


Por cierto.  No sé quién eres.

Quizás seas yo mismo.

Carta de un amor no correspondido

Amada:

Por este medio decidí comunicarte desde lo más profundo de mi corazón, con los sentimientos que me afloran, una lágrima rodando sobre mi mejilla y después de varias horas de discutir conmigo mismo, lo que he llegado a comprender.

Comprendí que sin importar cómo o cuánto te ame, tú nunca me corresponderás.  Logré entender que mi amor, a pesar de la intensidad y la cantidad que tengo hacia ti, hacia tu alma, tu corazón y tu ser integral, no te importa; ni te conmueve ni te interesa.

No todo ha sido tan malo.  Gracias a ti comprendí qué siente aquel que ve a la mujer que más ha amado sobre este planeta, con otro.  Ahora sé la cosa punzante que se siente en el corazón cuando descubres que poco a poco me estás cambiando por alguien más.  Sé la desgracia y el sabor amargo que se siente cuando ves al amor de tu vida sonriendo al recibir una llamada extraña y un mensaje sospechoso.

He comprendido también que nunca te dejaré de amar.  Que me duele profundamente el amor que te siento; pero también sé que, inexplicablemente, me alegra verte feliz, aunque no sea conmigo.

Desconozco la cosa que hay qué hacer para llegar a tu corazón.  Tal vez nada, el idiota del que te enamoraste, que después te dejó por tu mejor amiga, no hizo ninguna cosa, sólo se peinaba de forma rara y usaba atuendos con los que, según tú, se veía "a la moda".

No me amas y seguramente nunca me amarás.  Yo te amo y quizás nunca deje de amarte.



La diferencia entre tú y yo.  Es que yo soy feliz, porque aunque no soy correspondido, te amo.  Tú en cambio, por la incapacidad de amar, jamás disfrutarás de aquello que sólo un selecto grupo de personas tenemos, la pasión y la necesidad de querer estar con alguien.







miércoles, 2 de marzo de 2011

Mis razones

En mi vida, sólo intenté "conquistar" a dos chicas.  No he tenido éxito al respecto.

Pero lo interesante es que ahora que hago memoria, yo nunca he tratado de ir tras una chica.  Es decir, nunca me pasó que conocí a alguien que me atrajo y traté de conocerla sólo por eso.  Usualmente mantuve una relación amistosa.

Y digo eso porque recibo e-mails y comentarios de personas que me preguntan si es posible amar a un amigo o amiga, o que qué cosa deben hacer si aman y no son correspondidos.  La verdad, quisiera saber responder a esas preguntas, pero no lo sé.

Hoy estoy feliz.  Como hacía algún tiempo que no lo estaba, es decir, esa clase de felicidad.

La vida es hermosa, no cabe duda, es difícil comprender algunas cosas, sobrellevar otras, pero en esencia es maravillosa.

Mis razones para sonreír es ver la sonrisa de otra persona.  Es amar, es tener esa cosquillita de cuando conoces a alguien; mis razones para ser feliz es aquello que haces cuando te preparas para ver a alguien, el regalo que le darás para su cumpleaños, la carta que escribirás al llegar a casa.



Quisiera volver a ser chico.  Pensar menos, jugar más.

martes, 1 de marzo de 2011

Usted

¿Cómo le hace usted para mantenerse soltera siendo hermosa?, pero más aún, respóndame, ¿cómo mantiene alejados a sus pretendientes? es que usted es en serio hermosa.

Por supuesto que digo "hermosa" con el mayor de los respetos y con la admiración que uno le dedica a una belleza natural, tal si fuera una flor.

Hace poco más de un año, conocí por primera vez a la Monja Blanca, que es la orquídea nombrada como Símbolo Nacional de Guatemala.  Es hermosa; recuerdo que iba mentalmente preparado como cuando uno tiene una cita con una mujer galante.  Admito que su tamaño dejó qué desear, es que siempre la imaginé de gran tamaño, pero me gustó, me conquistó, es una elegante mujer.

La elegancia en las mujeres, esa cualidad innata (eso pienso yo) que ellas tienen, es inmensamente abrasiva.

Continúo mi interrogatorio.  Dígame, usted es bella, que conste que no la tengo diariamente frente a mí ni nada por el estilo, pero dígame, cómo es posible que sea usted tan bella, yo tan común y corriente, y aún así me dirija la palabra.

Yo tengo esa curiosidad. A propósito, debo confesarle que su mirada tímida y su sonrisa, son armas letales.  Son detalles que no puedo pasar por alto.

Francamente, ya sé que quizás usted piensa que estoy loco, que exagero un poco o que soy "como todos" y tiene razón en pensar eso.  Empero, le aseguro que no soy así.

¿Dónde consiguió el color de su piel? y ¿de dónde aprendió la inteligencia que tiene?

He detectado, fíjese usted, que las mujeres que han logrado atraerme, tienen un denominador común: son inteligentes.  Y usted lo es.


Finalmente, mi querida.  En virtud de su belleza y con el salvoconducto de ser mejor cada día, debo decirle que aunque la elegancia del pronombre "usted" es interesante, no sé, a veces prefiero el tú o el vos.  Es que no he aprendido a llamar de "usted".

Dígame usted, ¿dónde puedo encontrarla?  Sea usted honesta, mi querida, hágame una seña, guíñeme un ojo, diga una cosa que me haga entender que usted, además de ser hermosa e inteligente, siente precisamente la curiosidad que uno siente cuando recién conoce a alguien.  No es algo profundo, simple curiosidad que se despertó y que es necesario calmar.

Usted, usted, usted.

Usted es...no sé, inspiradora.


domingo, 6 de febrero de 2011

Denuncia pública

Hoy haré una denuncia pública en contra de la soledad.  Ha venido matando a varios de mis amigos y conocidos.

Unas se quejan de que la soledad ha hecho habitáculo en sus mentes, corazones y hasta cuerpos.  Mientras que unos se asustan al enfrentarse a la fría realidad.

Hoy, dejo claro que la soledad, es un problema; es un problema cuando nadie la llamó y se mete en lo que no le importa y, por ello, le pido a las autoridades competentes, que se responsabilicen al respecto.

En todo caso, y con el salvoconducto de apoyar la moción de realizar cambios estructurales en las esferas altas del amor, hago esta denuncia, la cual por supuesto, espero que sea bien recibida.

Empero, aclaro que: Aquellos que nunca fueron heridos por el amor, jamás podrán decir "he vivido"; porque no vivieron (Coelho).

martes, 1 de febrero de 2011

De lo feliz que me hace pensarte

Qué te puedo decir?

Olvidé el sabor extraño que sentía cuando no respondiste mis diecisiete llamadas.  No sé qué se sentía jamás obtener respuesta de mis mensajes, mis e-mails y demás formas de comunicación terca con que intenté acercarme a tu mente, a tu corazón o a ti simplemente.

Pero por supuesto que el amor no se ausenta.  El amor nunca deja de ser, el amor es siempre.  Yo te amo para siempre.

Se me olvidó, por cierto, aquella cosa agobiante que se siente cuando planeaba cómo sorprenderte, qué cosa decirte que te hiciera sonreír.  Y luego me daba cuenta que la creatividad, el amor, todo eso destilaba cuando dejaba de afanarme.  Las mejores palabras, las letras más bonitas que te dije y las cosas que te di, vinieron con la sola inspiración que provocaba recordarte; recordar la sonrisa, recordar la cosa que me dijiste y que me hizo sentir que el mundo había sido creado exactamente para verte.  Sólo para contemplar, a detalle, toda tú.  Me dediqué a consumirte.  Consumí tus miradas, tus bromas que no daban risa pero de las que me reía.

Admito que no sabía cómo titular este post; las reglas periodísticas dicen que primero se redacta y luego se titula, pero no me funcionó.  Así que pensé en lo feliz que me hace pensarte, en la cosa que siento al recordarte.
Me gustaría encontrarte, sonreír, saber y disfrutar que nadie te amará como yo, no porque yo sea muy bueno, sino porque tú provocaste todo el amor que puede salir.  Ese amor que trasciende, que va más allá de un simple gusto, capricho o cualquier cosa con la que se pueda confundir el amor.

Estoy feliz.  Me hace feliz recordar.  Tengo nostalgia de ti.  Sólo, no sé, me hace falta conquistarte y no lograrlo.  Suena a masoquismo.


Quiero ver tu corazón, desnudo, al aire libre.  Tocarlo, manipularlo.

Apuesto, lo que sea, que aprenderás a amar.  A como dé lugar.

No me pidas que cometa locuras, ninguna más, especialmente la de creerte.


Ya!

sábado, 29 de enero de 2011

La verdad? en cuanto la vi suspiré.

La deseé toda.  Por completo.

En realidad, no se veía tan despampanante como a veces me la imagino a distancia.  Se veía simple, sola como ella es.

Por supuesto que la busqué con la mirada, como haciéndole saber todos los suspiros y todos los deseos.  Ella no lo notó, o al menos disimuló muy bien.  Hizo como si nada estuviera pasando.  En la atmósfera se respira algo distinto entre los dos.

Ella no supo con precisión qué hacer o qué decir (porque las mujeres cuando son pretendidas por alguien que no tiene opción hacen eso, como para despistar).  En realidad, se comportó como quien no quiere la cosa y siempre y cuando yo no tocase algún tema que implicara intimidad entre ambos, respondía amigable.

De pronto, pasó algo inesperado.  La lluvia cayó.  Cayó como cuando cae sin avisar.  Mojó cada cosa bajo el cielo.

Y pensé una sola cosa.  O más bien, recordé algo que al parecer ya sabía:

El amor es como la lluvia, no siempre está, pero cuando aparece puede causar grandes desastres naturales.

jueves, 27 de enero de 2011

Cuando amas

Un hombre ama a una mujer cuando protege su corazón a como dé lugar.

Una persona ama a otra cuando deja de usar diminutivos para llamarla y disfruta decirle su nombre completo, porque eso le suena a elegancia, respeto y admiración.

Un ser humano indudablemente ama, solamente cuando como primera opción está el bienestar y la felicidad de la otra persona, a pesar de él mismo.

No comprendo cómo uno puede amar a alguien y no ser correspondido.  No comprendo bien cómo es posible que amar, no baste.  No sé cómo ni por qué, algunas personas simplemente "no sienten" algo por alguien que daría su vida misma por ellas.

El que dice que carece de la capacidad de amar, en realidad sólo le huye al dolor.  Lo que no sabe, es que no amar, duele más que cualquier cosa.

Yo no uso este espacio para acusar a nadie.  Pero amar es exquisito, claro que no es lo único en la vida que existe. 

"El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor". 1 Juan 4:8.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Esta noche decidí acercarme a ti a proponerte tomarnos un café.  Quiero ver tus ojos, ver el humo de mi taza, sonreírte, sentir el frío pasar cerca de mí.

He decidido que te invitaré a pasar a adelante.  Quiero que conozcas la gran ciudad, la razón de por qué la luna es excusa de muchos enamorados.  Te invito a que averigües la cosa que se siente en el estómago cuando te enamoras.
Donde estés, me gustaría que conocieras algo paralelo.  Quizás que experimentes cómo se siente amar y necesitar a esa persona.  Estar a la espera de una llamada, pero no de una llamada de cualquiera de los idiotas que te han gustado, sino una llamada mía.

Quisiera que supieras qué quiere decir un "te amo".  Y que así dejes de estar pendiente de el miserable corazón de esos seres extraños que suelen atraerte; son tan tontos, ya sé, no importa eso, sólo importa que te gustan.  Pues allá tú, te gustan los idiotas.

Te propongo dibujar una sonrisa en tu rostro por las mañanas, hacer rodar una lágrima en tu mejilla en aquellos días que estés hiper sensible y yo salga con una de mis cursilerías.  Me gustaría que fueses tú la causante de mis suspiros más profundos, de las letras más queridas.

Qué te parecería verle el lado romántico a la vida? Quisiera que supieras, que experimentaras las sensaciones más extrañas y divertidas que es posible sentir.

Te invito a encontrar rosas el día de tu cumpleaños; una canción para enamorarte y muchas invitaciones para decirte que te amo, para conquistarte cada día.

Te quiero decir algo.  Me gustas.  Me gustas toda.  Si mi corazón hablara, sólo al escuchar el tono de su voz, sabrías que estoy amándote.

Pero fuera de todo ese montón de cursilerías, de verdad, te propongo ser feliz.  Nada de perfección, sólo felicidad.

sábado, 11 de diciembre de 2010

De enamorarse, de amar

Este año que está concluyendo ha sido especial de muchas formas para mí.  Como cada vez, de madurar diferentes áreas, de preparación, de crecer.

Pero recurrentemente el tema romántico, del amor, de las relaciones, parece ser lo que mueve al mundo.  El soltero, quiere tener pareja; el que tiene pareja trata de consentirla para que esté feliz; cuando se casan, ambos procuran ser fieles y tratar de no caer en la monotonía que implica el diario vivir.
Al pasar de los años, si la pareja no está, por muerte, por divorcio, se reinicia la cosa.  O si aún está al lado, tratan de que la cosa funcione, que no sea una amistad que los une por los años de convivencia sino un amor de verdad pasional.  Y pienso que si el amor en verdad fuera la pena de todo esto, sería genial.

No es el amor.  Es la apariencia.  Es el deseo de sentirse amados, porque parece que eso nos hace felices.  Es el deseo de tener quién te consienta, quién te conquiste.

Una chica quisiera escuchar "cuando pasas, el olor que dejas en el aire es mi excusa más pura para respirar y continuar viviendo".  Y por supuesto que eso no pasa.  Y particularmente cuando he ensayado decir eso, porque eso siento, resulta que la persona no me cree, se ríe, cree que soy exagerado, como si quisiera imitar un cuento idiota de hadas.

De cierto digo que no es así.  En realidad lo pienso, lo siento.  Cuando exclamo esas cosas, de verdad es lo que vivo.  En serio es lo que me pasa.

La gente cada vez arriesga menos su corazón; cada vez se lanza menos por lo que cree.  La gente ya no expone su corazón, porque podría ser doloroso.  Las personas prefieren tener garantías de amor; o al menos que la relación sea conveniente (no hablo sólo de dinero, digo conveniente pensando en que la familia lo acepte o la acepte; en que sea alguien digna o digno de presumir en las actividades sociales; y por supuesto, también hablo de dinero).
La gente dice amarse por conveniencia, por soledad, por costumbre, por aceptación social.  Por cualquier cosa, menos por aquello que en realidad debe ser: necesitar a la otra persona para vivir; intensificar sus minutos cuando esa gente está y restarle importancia a la vida si eso no pasa.  Amar, no sólo sentir, también decidir hacerlo así.  Las personas ya abandonaron la realidad del amor; ya no importan las cartas, las rosas, los sentimientos valen menos, son machucados diariamente a diestra y siniestra.

A nadie, a ninguno le importa sentir, amar, vivir, respirar.  Nadie quiere escribirle una carta a la chica que pretende, amarla con la vista.  Ahora las personas prefieren "salir" y si la cosa funciona, besarse y no pensar, sólo dejarse llevar para ver a dónde lleva la cosa.  Me dirán anticuado, aburrido, tonto, idealista, soñador, romántico, cursi.

Prefiero continuar amando con cartas; exclamar mi amor de la única forma en que sé: con un te amo.

Prefiero enviarle un mensaje de texto sin alguna excusa razonable; o llamarla sólo para escuchar su voz.

Prefiero decirle aquello que atraviesa mi mente cuando pienso en ella: que es adorablemente imperfecta e increíblemente bella.  Prefiero que mi amor evolucione y madure, pero arriesgarme.  Arriesgar porque sigo creyendo en el amor; en el amor que siento por una mujer.  Una mujer que amé con toda la fuerza de mi alma, con toda mi inteligencia y con todos mis sentimientos; una mujer que consideró que yo no soy la mejor opción para ella; o una mujer que simplemente no logró "sentir" por mí aquello que consideraba necesario para darse una oportunidad de conocerme un poco más, de cerca.

Esa mujer que entrecortó mi respiración, que me hizo temblar sólo por sentirla cerca; esa chica que provocó en mí las ideas más raras que jamás tuve, sólo para expresarle mi amor, y que dudo volver a tener; esa chica que me hizo volverme más necio de lo que ya era.  Yo prefiero eso.  Prefiero decirle: te amo, y arriesgarme a no ser correspondido, que estar con alguien de quien no estoy seguro si amo, que sólo me gusta y que parece ser lo menos malo que conseguí, conformarme con lo que, después de todo, no es tan malo.

Prefiero amar.  Prefiero amar.

martes, 30 de noviembre de 2010

La mujer que nunca fue amada

Nadie, nunca, en su miserable vida, la amó.

Claro que la vida suya era miserable porque nunca fue amada.  Pero no por un deseo romántico de sentir que alguien daba la vida por ella, sino porque quería ser amada simplemente y ya.

No lo consiguió.  No era fea, no era loca, tonta o algo por el estilo.  Tuvo varios novios, uno de ellos consiguió embarazarla, pero nunca fue amada.  Fue querida, manipulada, deseada, besada (buenos besos) y cortejada para llevarla a la cama.  El amor quedó ausente, la cordura también.

Ella pensaba que ser amado debía ser la experiencia mejor de la vida.  "A quién no le gusta que le amen de verdad" pensaba para sí recostada en su cama mientras escribía en un diario.

Personalmente, yo que la conocí, pienso que no basta amar.  Yo he amado y la otra persona no necesariamente se siente halagada y con suficiente deseo, ánimo, motivación, curiosidad o al menos cortesía para corresponder.  Por supuesto que no es mala por eso, digo nomás que amar no es suficiente.

Pero continuando.  La mujer que nunca fue amada, consideró seriamente cortarse las venas, ahorcarse dramáticamente en su habitación (eso le daría intensidad y romanticismo a su muerte; si no tuvo una vida romántica, al menos quería tener una muerte con características de romance).

Por supuesto que no tuvo el valor de matarse, no era lo suficientemente corajuda como para hacerlo.

Un buen día, de aquellos que parecen perfectos, comprendió que una vez tuvo la oportunidad de decidir amar.  Y fue, justamente cuando un chico, había decidido, al menos sopesado seriamente la idea de amarla.  Ella lo despreció; lo despreció no por feo, malo o delincuente.  Ni tampoco por poco romántico, patán o raro.  Lo despreció porque "no sentía".  Ella esperaba un golpe cósmico, "sentir", porque "el amor no es algo forzado, es una cosa que sólo aparece".

A todas luces estaba equivocada.  El amor es, esencialmente una conquista.  El amor es una decisión, indudablemente una de las tres decisiones más importantes de tu vida (las otras dos son: a qué te dedicarás y dónde pasarás la eternidad).

Meditó que se le escapó, sin darse cuenta, la oportunidad de ser amada y sobre todo: de amar.  Y como la vida es seria, justa y razonable - con sus excepciones -  comprendió que por no haber amado cuando tuvo que hacerlo, todo por la culpa de esperar a sentir algo que se decide, nunca sería amada.

Y así, la mujer nunca amada, nunca fue amada, pero más triste aún: nunca amó.

No supo que era recibir una llamada real, desde el fondo del corazón de un chico.  Pero tampoco experimentó estar sentada frente al teléfono esperando que el hombre que amaba con toda intensidad decidiera enviarle un mensaje de texto y alegrarle el día.

Qué pena por ella.  Nunca la amaron.  Qué lastima daba, nunca amó.

No murió, como las otras trágicas historias.  Continuó dizque viviendo.  Qué tonta, a la verdad.  Pudo haber sido mejor persona a través de la experiencia del amor y perdió la oportunidad de su vida.

Infeliz.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Mis promesas

Prometo darte el mejor de los besos que podré dar.  Cada día.

Prometo hacerte reír por cosas que usualmente no tienen gracia, pero que venidas de mí, no sé por qué, son chistosas.  Cada día.

Prometo, a ti, te prometo, enamorarte y no olvidar jamás que amé conquistarte con desesperación.  Cada día.

Prometo seguir amándote al amanecer; cuando no traigas el maquillaje, los peinados alevosos y esos detalles que sólo acentúan tu belleza natural.

Prometo que cuando me enojes y sienta que la furia llegó a su límite, me calmaré, recordaré cuánto te amo y te reclamaré con más paciencia, paz y cordura.

Y de hecho, prometo continuar escribiéndote.

Prometo llamarte y cuando preguntes "para qué llamaste?", diré "sólo para recordarte que te amo".

Prometo hacerte volver a la realidad diciéndote que JAMÁS te regalaré la luna o te bajaré las estrellas.  Porque sería una estupidez y lo estúpido no siempre es romántico.  Lo que sí puedo hacer, es prometerte que cada vez que vea la luna, pensaré en ti.

Prometo que estas no son promesas simples.  Son convicciones, es mi modo de vivir.

Prometo no preguntar por amores viejos; y cuando sienta celos, prometo que serás la primera en saberlo.

Prometo que cuando no tenga ganas de verte y esté en mis días difíciles, te lo diré para que estés advertida y la cosa sea más fácil.

Prometo que la vida a tu lado, aunque no será más fácil ni barata, será toda una experiencia que a ambos nos alimentará.

Prometo sonreírte sin razón alguna, sólo para que sepas que te amo y que me hace feliz hacerlo.

Prometo pedirte que me dediques una sonrisa, de esas exquisitas de las que me enamoré.

Prometo enamorarme de ti, al menos, una vez al mes.  Así, como la luna.

Prometo que mi intención más profunda es ayudarte a llegar al cielo lo más pura posible, bendecirte y conseguir vivir el sueño del que me hizo.

No prometo serte fiel.  Porque no es necesario.

Tampoco prometo amarte.  Porque una promesa es algo que uno hace para convencer a la otra persona de la probabilidad de lo contrario.  Y en mi caso, no hay ni una sola probabilidad de no amarte.  Simplemente no puedo, no sé cómo es.  Intenté muchas veces dejar de amarte; probé, experimenté y me arriesgué a intentar no sentir amor por tu alma, pero fracasé.

Te amo.  23 veces.