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domingo, 29 de abril de 2012

Juan y Elena

La hipocresía de su sonrisa falsa elaborada para la fotografía debía anunciarle a Juan que ella no era la chica que le convenía.

Él se enamoró de Elena, perdidamente.

Sin embargo, él tenía un problema, básico, simple, común, repetitivo: a las mujeres como ella les da miedo arriesgarse a amar; tienen pavor a sufrir por amor y por lo tanto prefieren esperar, se convierten en frías, despiadadas y en algo que ni ellas mismas quieren ser.

Elena quizás no tenía del todo la culpa.  Se fijó mucho en las experiencias de las otras personas y dio por hecho que a ella también la lastimarían si osaba arriesgarse por eso que le llaman amor.  Convengamos en algo: ella se estaba muriendo por sentir eso, sentirse amada, acompañada, consolada. Como dicen "por tener a alguien especial", pero no se arriesgaría, jamás.

Juan era un chico simple.  Estudiaba ingeniería, era inteligente, odiaba la política (como casi todos), hacía deporte y le gustaban los comics japoneses.

Él nunca se enamoró, pero tampoco nunca lo evitó.  Pero un buen día le pasó, así de golpe.

Se enamoró de alguien que quería amarlo, pero debido a su decisión de "cuidarse el corazón" había permeado su alma y simplemente no sentía más.  Es como cuando uno se inyecta anestesia y simplemente no siente más.  La anestesia sirve para evitar sentir el dolor (aunque todos sabemos que el dolor es parte de procedimientos quirúrgicos, por ejemplo) pero cuando ésta se inyecta se adormece el área de tal forma que no se siente absolutamente nada.  Ni el dolor, ni las sensaciones agradables, nada.

Y eso nos pasa con el corazón.  Nos lo anestesiamos para evitar el dolor (inevitable) y entonces nos amargamos internamente.  Fingimos sonrisas para fotografías y el vacío adentro sigue estando.


Buena semana.  Feliz día del niño para los mexicanos; feliz día del trabajador para mis compatriotas.

viernes, 27 de enero de 2012

Chic

Ella cambió su vida de un día para otro.  Decidió quitarse los complejos de la primaria, vestir a la moda (por presión y no por elección), ser cruel ("al parecer eso les gusta a los hombres", pensaba) y arriesgarse un poco más en todo.

Recordó las múltiples veces en que se burlaron de ella por su apariencia, por sus limitados recursos económicos y por ser siempre "la niña buena".  Quiso cambiar de súbito, dejar en el pasado lo que la había convertido en su presente y alterar su futuro modificando sus conductas actuales.

Ella además, empezó a buscar un nuevo empleo.  Debía encontrar algo que la lanzara a la escena pública.  Encontró un empleo, gracias a un viejo amigo de su madre, en el periódico de mayor circulación de la ciudad.  Escribía la nota social; conoció a muchas personas gracias a ello.  Gente de "la alta sociedad" y se sentía feliz pues aunque ella no tenía un apellido reconocido, compartía con ellos.  Se sentía parte de algo que no era parte.

Ella quería enamorarse, lo reconocía después de unas copas, pero no quería dar.  La regla de arriesgarse no aplicaba para el amor.  Había visto experiencias ajenas que le motivaban a no dejarse llevar por los impulsos del corazón, del cerebro o de quién sabe dónde.

Un buen día conoció a un chico; feo, pero de la alta sociedad, que al final era lo que importaba.  Salieron un par de ocasiones, él le explicó sus pretensiones académicas, que no quería dejar de estudiar nunca, ella lo escuchaba (mentira! ella siempre hablaba y cuando él decía algo esperaba que terminara de decir la cosa para seguir su discurso egocéntrico) y trataba de hablar con elegancia al respecto.

Ella quería sentirse mimada, sin saber que psicológicamente eso obedece a una desazón amorosa frecuentemente asociada a ausencia de imagen paternal.  Quería que le cumplieran sus caprichos y que le rogaran.  Que cuando ella dijera "no", él se esforzara por conseguir el "si".  En vez de decir simplemente si cuando eso deseaba responder.
El chico en realidad la pretendía con buenos deseos e intenciones generosas.  Pero lo espantó.

Lo espantó y, aunque nunca lo reconoció, lamentó hacerlo.

Hoy ella vive retirada, veinte y tantos años después.  Dedica su vida a viajar (consiguió dinero, mas no éxito pues nunca fue feliz y siempre estuvo ocupada) y a sacarse fotografías en famosos monumentos que luego muestra a sus amigos en señal de felicidad (falsa).

Ella está sola, desde que nació.

martes, 24 de enero de 2012

Relatando

Toda la noche había pasado viéndome desde el otro lado del lugar en el que coincidimos.

No sé porqué decidió acercarse. Me vio con exagerada seriedad y preguntó si estaba allí por placer o por negocios.  Le respondí que estaba trabajando (si decía que por placer sonaría quizás acelerado pero si decía que de negocios tal vez daría una imagen de casanova y no me quería permitir ese epíteto).

Yo debía continuar la plática, no podía perder semejante oportunidad.  Aclaremos algo: yo no estaba buscando una aventura y ni siquiera traté de seducirla; tampoco soy de los que se aprovecha de las mujeres.  Yo estaba allí, pensé que podríamos platicar.

Desconozco cuál es la razón por la que la gente en el amor (que por definición - revisen sus diccionarios - implica DAR) piensa PRIMERO en recibir para luego dar.  Por qué no comprendemos que si damos, recibiremos?  Y que si todos damos, por ende, todos recibiremos?


Sigo con la historia.  Cuando hablo de "no perder semejante oportunidad" me refiero a abandonar la soledad acostumbrada en mis viajes de trabajo.  Dicho sea de paso, a veces me veo al espejo mientras cepillo mis dientes y coincido conmigo mismo que ciertamente las cosas las hago con esa inocencia experimental propia de la juventud en éxtasis (como diría Cuauhtémoc).

Le pregunté lo de siempre: su nombre, de dónde venía, qué hacía, qué había estudiado y qué pensaba de la vida.  Muy a mí, la plática se convirtió más en filosófica que de rutina aburrida o de trance.  Usualmente a las personas suele aburrirles pensar, pese a la gratuidad de tal acción.

Yo prefiero pensar (no porque sea gratis, si no porque abona más) y en consecuencia procuro practicar ese ejercicio cuando socializo.

Dejé de pensar que socializar es acumular número de "amigos" en Facebook o de seguidores en Twitter.  La gente se siente social por eso, cuando en realidad cada vez más se alejan de la sociedad (la real, la tangible, la que está porque quiere y no porque es parte de una gran serie de conexiones de personas que quieren leer lo que a otros les pasa).

Conversamos.  De pronto susurró a mi oído que si quería vivir una aventura; aseguró (tres veces) que era una persona sana y que estaba allí tratando de olvidar a un amor, que no quería usarme, sólo vivir la vida que siempre quiso tener.  Me detuve a pensar porqué a veces las personas creen que "vivir la vida como quieren" es hacer JUSTAMENTE aquello que sus padres les dijeron que no hicieran (lo dicen porque ellos lo vivieron y las consecuencias con malas, obvio).  No sé porqué algunos consideran que "vivir la vida" es trasnochar, hacer cosas "divertidas" y ser parte de un sistema superficial que premia la mediocridad y aplaude lo estúpido.

Qué importa todo eso.  Lo pensé en segundos.  Le dije que sí, que quería vivir la aventura con ella.  Dijo que volvía, sólo iría un segundo al baño.

Salí corriendo, pedí un taxi amarillo y le indiqué la ubicación de mi casa.




lunes, 17 de octubre de 2011

Relato de sexo

"Nunca, escúchame bien, nunca vuelvas a venir a esta cama con ropa" dijo él en tono medio en serio pero con aires de humor.

Él continuó "¿Para qué traes ropa? nos tardamos mucho en quitarla.  Aunque debo confesar que es excitante hacer eso, pero por hoy prefiero que las cosas sean fáciles".

Ella sonrió.  Antes de hacer el amor cuatro veces conversaron, ambos desnudos sobre la cama, sobre aquellas cosas del sexo que usualmente las parejas no se dicen (qué ironía).  Ella le dijo qué le gustaba, le confesó que contrario a lo que sus amigas del gimnasio decían, prefería penetraciones profundas y rápidas.  Él en cambio le explicó que estaba un poco avergonzado por las eyaculaciones tan prontas y escandalosas (él solía gritar demasiado).

(Si alguien se está ruborizando o excitando al leer esto, tenga cuidado).

La chica le dijo que a ella le tenía sin cuidado que él alcanzara el orgasmo rápido, que de hecho, si no era así ella pensaba que él no lo disfrutaba (es un mal cultural eso).  Él se sintió feliz, pero durante la conversación coincidieron en algo: después de un orgasmo, el segundo tardaba más en llegar, lo cual era ventajoso.

Ella admitió aquello que pocas chicas admiten: prefería estar arriba (los movimientos eran suficientemente buenos para "rozar" su clítoris).  Y prefería estar prácticamente sentada (comentó que la penetración era así más profunda).  Él sonrió pues algo había leído por ahí al respecto.

Después de haber aclarado sus preferencias, uf, la noche no bastó.



P. D. Por qué la gente no habla de sexo con la pareja? por la gente ni siquiera se conoce? tiene sexo (porque no hacen el amor) y nunca se han visto los cuerpos? por qué él no le dice a ella "eres hermosa" mientras lo hacen? por qué ella es la que hace todo el trabajo y él no hace más que entrar y salir? por qué los hombres creen que el sexo son esas contracciones finales acompañadas de eyaculación y las mujeres en cambio disfrutan todo el proceso y "esa parte final" es sólo un complemento? por qué las mujeres no se permiten tener tanto placer como el hombre en cada relación sexual? por qué las mujeres se sonrojan si uno las descubre que aman tanto el sexo como los hombres? por qué ellas casi siempre van abajo aunque prefieran arriba o de lado (porque es más romántico y ellas son más románticas en todo)? Por qué ellas creen que el sexo arregla los problemas, que él se calmará y dejará de ser el ogro que es fuera de la cama? Por qué ellos quieren evitar la parte romántica, la fase previa y pasar directamente al orgasmo? será que ya no se aman?
El sexo es, y será, un estado espiritual. Es la parte espiritual del amor; la fusión del cuerpo, del alma, donde se dice aquello que las palabras no consiguen decir.

Hacer el amor es más profundo que la simpleza que el matrimonio le otorga. Es una función añadida a las tareas femeninas.
Que cambie el mundo.  Hablemos de sexo, del bueno. Del que debe ser en el orden correcto, y que sólo se da como fruto del excesivo amor entre dos.

Prometo escribir un blog sobre esa extraña relación entre practicar relaciones sexuales y amar a alguien, qué tiene que ver? sólo se tiene sexo cuando se ama? evidentemente no. Pero cuando se ama,  por qué se concluye como expresión máxima en el sexo? es algo meramente físico. Ja.

domingo, 10 de julio de 2011

La vida tiene misterios, misterios que no siempre comprendemos.

Personalmente hoy no sé qué pensar o qué decidir pensar.  No sé si cupido se equivoca, si flecha a diestra y siniestra, sin importarle si nos afecta.  Pensándolo bien qué estupidez eso de cupido.

Pero quizás algo de eso se trata el amor y la libertad.  No hablo de falta de compromiso; hablo de amar y ser libre para hacerlo.  De estar con alguien porque queremos o de no estar.  Pienso que la vida es y pronto ya no será.

Comprendo mejor cada vez que esto se trata de hacer aquello que deseamos, con los cánones que cada uno decide definir.  Unos se rigen de acuerdo a lo que "sienten", otros a un asunto más bíblico, algunos más a algo meramente moral.  Y el tema es que no te digan cómo vivir la vida pero que tampoco te equivoques en la elección y acabes destruyéndote por "probar" de todo.

La experiencia de la vida no tiene relación con los malos hábitos (aunque está claro que es discutible qué es bueno y qué es malo) ni tampoco con la autodestrucción de la vida.  No jodas y que no te jodan.

El amor en esencia es esa libertad de amar.  Es sentir la necesidad de alguien, querer besarle y no estar obligado u obligada a hacerlo.  Amar es desear verle y no tener la obligación de hacerlo.  Amar es esa cosa que pasa cuando extrañas a alguien y sólo quieres que esté ahí, su sola presencia te calma, te hace sentir mejor, te hace sonreír, te hace que cada actividad que realices te salga de la mejor forma sólo porque esa persona está ahí.

La libertad no duele, la libertad simplemente libera y nos hace auténticos.  Sé libre.  Vístete como te gusta aunque a los demás no les guste, habla como quieras, besa a quien te gusta (pero asegúrate de que la otra persona comparta la idea), baila bajo la lluvia sólo porque te gusta hacerlo, repite el beso si te gustó y escribe un poema para dedicárselo al ser que amas, al ser extraordinario.

Enamórate de una vez por todas.

miércoles, 22 de junio de 2011

Si me vieras sabrías que tengo una sonrisa esplendorosa.  Me siento francamente conquistado.  El amor ha llegado y me susurra tu nombre.  El amor me invita a saber quién eres y a descubrir quién soy.

Jajajaja, estoy verdaderamente feliz.  La luz que irradia tu sonrisa, el color y los matices de tu voz.  Me gusta las cosas "fuera de lugar" que sueles decir pero que por alguna curiosa razón me provocan tanta risa como casi ninguna persona lo consigue hacer.  Amo el silencio de tus palabras cuando no sabes qué decir para impresionarme.  Me fascina lo que has dejado de hacer para acercarte a mí.

Tengo presente el abrazo que me diste la otra vez justo en el momento que me viste, no querías soltarme, me saludaste con amabilidad al oído y me sentí dichoso de ser quién era y de que fueses tú la persona que estaba frente a mí.  Pocos segundos dividieron el instante de felicidad que provocaste al llegar y el beso olvidadizo que nos dimos.

Los tres suspiros que han acompañado estas letras van mezclados con el amor dulcecito que siento por ti.  Ya no soporto el amor.  Es demasiado.

Gracias por llegar.

lunes, 20 de junio de 2011

Dedícame tu mejor sonrisa, explícame mi duda más seria.  Dame lo mejor de ti.

Juega con el amor, roza las cenizas de lo que ya no eres.

Píntame un cuadro, juzga mi mal carácter. Dibújame tres cosas: el corazón tuyo, la llave de él y tu felicidad.

Coleccióname, de puro favor, los suspiros que te provoco y las ganas que me das.  Cuéntame las excusas de tu boca y las razones para verme.

Dame un beso a escondidas para que sepa clandestino; dame un beso libre para que sepa a legal.  Lo prohibido y lo debido es placentero en diferentes momentos, quiero probar todo de ti.

Invítame a tu alma, dame un tour por tu destino y un paseo por lo que fuiste.  Quítame el silencio que tengo cuando no te veo y la cosa que pasa mientras estás frente a mí.

Desde que vuestra sonrisa se posó delante de mí se me contagió algo.  Se llama como tu nombre.

viernes, 17 de junio de 2011

156 días

156 días.

"Justamente 156 días" pensó Joaquín tocando su barba.  Exactamente ese tiempo llevaba amaneciendo con un sólo pensamiento: Cristina.

Sin embargo, aunque ni siquiera se hablaban, los dos últimos días fueron especiales porque él amaneció deseando besarla.  Jamás se le acercó, no había calculado si sus labios coincidían con los de ella, pero ya quería darle un beso.  La amó misteriosamente en silencio.  Cuando le preguntaban decía que simplemente le gustaba pero que no le interesaba, esa excusa que todos damos cuando no queremos enamorarnos porque preferimos evitar esa incómoda situación.


La conoció un día mientras él iba a comprar unos tomates al mercado.  Él era un hombre de área rural, no sabía leer ni escribir.  Su piel estaba tostada por el sol que hostigaba su cuerpo al medio día mientras él recorría las cosechas, que eran la única herencia de su difunto padre.  Su padre, regordete y siempre con un bigote grueso, le decía que la escuela no era tan importante como aprender un oficio para ganarse la vida.  Al fin y al cabo, sostenía, las cinco últimas generaciones habían sobrevivido sólo con el fruto de la tierra.  Sólo Joaquín I,  su tataratataratatarabuelo, había conseguido leer y graduarse de bachiller en agricultura.  También lo que sabía de las mujeres, Joaquín se lo debía a su padre, él le decía que jamás las comprendería, pero que no importaba, compensaban con los buenos momentos, especialmente aquellos de placer.  Claro que eso sólo reforzó la idea machista de hombre y mujer que tenía Joaquín quien nunca comprendió por qué las mujeres son las que hacen los oficios domésticos sólo por el simple hecho de ser mujeres.

Joaquín conoció a Cristina mientras ella cantaba una canción a todo pulmón en el mercado.  No sabe con precisión qué le gustó, tal vez nada, quizás sólo la alegría que irradiaba, pensó que ella era segura de sí, lo notaba por la forma en que caminaba, por la costumbre de despreciar el soborno amoroso de varios hombres del pueblo (así decían).

Después de 156 días de amarla en silencio no quedaba más que confesarle su amor.  Así que decidió hacerlo.  Salió de su casa al mercado, la vio a distancia, peinó sus bigotes y se le acercó.

Entonces él sintió un golpe en el corazón cuando de súbito y sin saber de dónde aparecio, un tipo tomó a Cristina por la cintura, la besó desquiciadamente y asesinó cualquier esperanza.

Pero no todo fue triste para Joaquín. Meses después se enamoró de otra, menos jodida y más confianzuda.  Tuvo tres hijos y fueron felices para siempre, excepto aquellos años en que no había buena cosecha por el cambio climático.

domingo, 5 de junio de 2011

NO sé por qué siempre soy bastante ansioso y desesperado para algunas cosas.

Respecto de "mujeres", no soy así.  Soy más bien bastante soñador y esas cosas. Me dicen romántico, me dicen que yo me enamoro del amor y otras cosas que son parcialmente ciertas o parcialmente falsas.

Ah.  Uno se convence de algunas cosas en la época temprana.  Cuando te inscribes a un curso, sabes, casi desde el primer día si te gustará o no.  Cuando estás en un trabajo, generalmente percibes en el primer mes el ritmo del trabajo y si tú te acoplas o no a él.  Así pasa para todo siempre pues.

Y a veces uno llega a comprender que hay relaciones que son dañinas, o contraproducentes.

Las corazas son fuertes.

Yo admito que soy desgastante, soy de aquellos que cuando escucha una canción que le gusta, la repite y repite hasta que la quemo y nunca más quiero volver a escucharla. Y tristemente parece que así soy en las relaciones interpersonales.  Al principio todo va bien, pero luego soy aburrido, soy empalagoso y todo se ha echado a perder de nuevo.

Eso me está pasando otra vez.  Siento que me mantengo, pero que ya no camino.  Siento que estoy ahí, pero sin evolución, estático y yo no puedo vivir así.

Así que haré un stop.  De mi parte, he dado, he puesto mi parte. Es tiempo de detenerme y ver si lo que di, fue suficiente.  Ahora será tiempo de hacer nada.

martes, 31 de mayo de 2011

Carta de alguien que es amado pero no puede corresponder porque ama a alguien más

Querida amiga:

Sé que me amas, sé que te gusto, sé que harías cualquier cosa por estar a mi lado, por verme sonreír, por saber que soy feliz o simplemente por tener conciencia de que estoy bien.  Sé que te enamoraste de mí poco a poco, sin pretenderlo, sin buscarlo, sin desearlo pero con el alma limpia porque sientes que todo es genial desde que me conoces.

Sientes que el tiempo y el espacio son exactos cada vez que acordamos encontrarnos.  Sé que te gusta todo de mí, hasta aquellos detalle que no son tan bonitos.

Por este medio quiero transmitirte aquello que quizás cuando te tengo enfrente soy simplemente incapaz de decirlo.  Es importante para mí que sepas que tú eres importante para mi vida, que eres un ser extraordinario, que mereces una vida feliz, plena y satisfactoria.

Hay quienes comen las migajas que caen de la mesa de otros, pero quiero que tú te sientes a comer y degustar el banquete como debe ser.  La razón por la cual escribo la presente es para notificarte que mi amor fue brutalmente secuestrado, amordazado y que en la actualidad está un poco confundido.

Sé que me amas. Lo noto en la forma en que caminas, cuando escucho tu dulce voz al otro lado del teléfono, cuando escribes un e-mail, un mensaje, cuando haces cualquier cosa con tal de agradarme.  

Sé que te gusto, cuando estamos sentados frente a frente noto que tus piernas apuntan hacia mí (psicológicamente según leí el otro día, eso implica que te intereso); sé que te gusto por la forma en que me miras y la recurrencia con que observas mis labios, como queriendo entender el sabor que tienen.

Finalmente, debo confesarte que sé todas aquellas cosas que sientes por mí y la delicada forma de amarme, de incluso amarme más de lo que jamás imaginaste amar a un ser humano, porque con esa misma intensidad yo amo a alguien más, y es ésa la razón por la cual no puedo corresponderte.  No concibo mi vida, al igual que tú, sin la persona a la que amo.

sábado, 7 de mayo de 2011

Besos que matan

La mujer le advirtió al caballero que sus besos eran asesinos.  A él le pareció dramático y romántico a la vez (francamente no le veo romanticismo a eso).

Ella tenía ojos profundos y mirada profunda también, que rebuscada en el alma de uno.  Él no era la gran cosa, sólo era.

Ella era pálida toda, él era de aspecto fuerte, romántico (él sí lo era) y muy normal.  Siempre tuvo curiosidad por la chica, debido a su forma rara de ser, incomprensible, la verdad.

La mujer rara de mirada profunda y besos asesinos, le advirtió al tipo que podría morir en uno de los besos, de hecho, alguna vez medio en broma medio en serio, le dijo que lo haría morir lentamente.  El tipo se asustó, por supuesto, pero por alguna misteriosa razón (o tal vez porque lo prohibido, lo malo, siempre nos atrae) quiso arriesgarse.

Un buen día la vio a los ojos profundos, se acercó despacio a ella y rozó sus labios con los de ella.  Supo que era mejor persona desde ese día.  No murió.

Tres horas y tres minutos más tarde, falleció en su casa de habitación, y aunque el forense no pudo establecer las causas, todas las personas saben que fue por aquel beso, de la mujer que ciertamente era bella, pero que él nunca debió besar.

La chica se entristeció y su tez palideció más de lo normal.  Había asesinado a un hombre, al que por primera vez en su vida había amado.  Lo asesinó justo cuando pretendió demostrarle amor, cosa que nunca antes practicó.

sábado, 12 de marzo de 2011

Sábado

Regresaba de la universidad.  Pude haber abordado un autobús que me llevara a la calzada principal para llegar más rápido a casa, pero elegí dirigirme al centro de Guatemala, con la misma esperanza de encontrarme en el camino con cierta persona que asegura que la salsa se baila en seis tiempos, del uno al siete (inexplicablemente el cuatro no se cuenta, no sé bien por qué).


Caminé, escuché la rifa del Benemérito Comité de Prociegos y Sordos de Guatemala, caminé.

Caminé, presuroso.  Caminé despacio.  No sabía si acelerar o frenar.  Es que quería llegar en el tiempo exacto, pero pensé luego que el destino, la casualidad o esa cosa que nos pasa a veces, se activaría.  Pasé por Pollo Campero, vi que un tipo me seguía, luego dejé mi paranoia y comprendí que no.

En la sexta avenida (popular en Guatemala) había teatro o algo así, pensé en quedarme, luego pensé que mejor no.

Llegué a la novena avenida y novena calle.  Di vueltas.  Compré una botella de agua que no necesitaba en Al Macarone (es una pizzería para quienes no saben), caminé, regresé.  Di varias vueltas, la gente me empezó a ver sospechoso. Regresé, una señora me gritaba que si quería comprar repuestos para licuadoras o que qué quería.

No hice caso.  Regresé, volteé a ver con la excusa de encontrar abierta una librería que bien sé que no abren sábados por la tarde.

Vi que un vendedor de discos piratas estaba ahí.  Compré apesadumbrado porque no hago eso.  Pedí The King's speech.

Esperé, vi el reloj continuamente.  Caminé, di otras vueltas en esa cuadra, me reí de mí.  Me burlé de mí.

Regresé.

Me acerqué a un teléfono público sólo para disimular.  Tomé el auricular, lo solté sin querer de los nervios, hizo un ruido escandaloso al estrellarse contra la base.  Los policías que casualmente estaban cerca me vieron, el vendedor de discos piratas volteó, las señoras que vendían repuestos enmudecieron.

Recogí rápido, como pude el auricular, lo colgué antes de que fuera más sospechoso o raro.

Vi de reojo sobre la novena calle.  Caminé, volteé a ver.

Eran las 17:03.

Caminé.  Pensé en regresar porque a veces la vida nos exige paciencia y que hagamos aquello, justo aquello que sentimos hacer, pero pensé "son ideas raras de gente que lee blogs románticos como el que escribo yo".  Caminé.

Paso un bus que no abordé, recordé mentalmente si aún tenía saldo en mi tarjeta.

Esperé.

Subí el otro. Puse la tarjeta prepago en el lector, la gente me veía raro (no sé por qué siempre pasa eso o quizás soy paranoico, me ven así como extraño; aunque, quizás lo hacen pues siempre entro con la mochila entre las manos y con aspecto como de no saber qué hago en ese lugar) me senté.

Volteé a ver en la esquina de la novena calle.  Me dormí.  Pensé en la persona que tiene cabello que según ella es peluca, pero que es broma.  Me dormí.

Profundo.
 
Desperté cerca de casa con el mismo pensamiento con el que me dormí.  La persona que odia la cebolla, que usa botas (en sus diferentes estilos, pero que igualmente le sientan bien).
Pensé para mí, luego de conversar con una buena amiga toda la tarde que "son charadas mías".

Llegué a casa.  Envié varios mensajes a la misma persona, compulsivamente.

Vi Google Earth, que mi hermano estaba usando.  Busqué la novena calle y novena avenida, pero sólo se ve el techo y tampoco se ve en vivo, claro.

Comí.  Me desesperé porque no recibía mensajes de vuelta a mis compulsivos envíos.

Entendí que por la hora aún estaría ocupada.

Recibí uno y a esta hora, sigo intercambiando mensajes con la misma persona que sonríe al leer esto.

jueves, 10 de marzo de 2011

Tres cosas sintió el corazón: emoción, intención y miedo.

Emoción de ser amado, intención de amar y miedo de equivocarse o que se equivocasen con él.

Razonó, porque el corazón a veces parece razonar, que nunca se dio a nadie por completo.

Y quiso darse.

Sonrió.  Pensó que se apresuraba.  Y de hecho, se estaba apresurando.

Cómo no apresurar el paso cuando te emociona lo que tienes frente de ti?


Recordó que el enfoque del resto del cuerpo debía mantenerse.  El enfoque de la mente.  Recordó que debía ser inteligente.  Que el pensamiento y la mente no pelean.

La princesa a la que no le gustaba la cebolla

Una vez, en un lugar muy, muy lejano, había una princesa.

Ella era bella (a mi parecer era bella, qué me importa lo que los demás podrían haber dicho), tenía un corazón grande, invencible, de toda una princesa, miembro de la familia real.  Ella a veces le gustaba el color rosa, a veces el rojo, a veces el negro, pero en definitiva, amaba el corinto.

El punto no era el color que le gustaba, es algo subjetivo.  La princesa, bella por definición, hermosa de nacimiento, supo que su vida no sería fácil desde el momento en que notó que en el reino que gobernaba, había aquello que todos odian, o al menos la gran mayoría, pero que por alguna curiosa razón era parte de los alimentos diarios.

La princesa, odiaba la cebolla, simplemente no le gustaba.  Se la habían ofrecido en sus diferentes presentaciones, aduciendo que quizás en alguna de esas, le gustaría, pero no.  Ella se quejaba y cada verz que le servían la comida real, en el plato real, en la mesa real, exigía que le quitaran de ahí la cebolla (real también, por supuesto).


De hecho, la última comida real, un pan con algo que la gente llamaba "panini" (vaya usted a saber por qué), pidió, soberanamente que retiraran la cebolla de su alimento.

Nadie objetó.  Cómo objetar? acaso alguien podría negarle algo a tan interesante, importante y real mujer?

La princesa comía casi de todo, excepto, la cebolla.

En fin.  Una vez, ella tuvo una pesadilla.  Soñaba que la obligaban a comer cebolla, grandes cantidades.  De pronto, en aquel sueño, pasó algo.  En realidad, ése era el frabulloso día (por aquello de las fantasías y el país de ellas), así que todo pasó a ser perfecto.

Conoció a un miembro del pueblo (no era parte de la realeza, pero ella tuvo la deferencia de darle acceso a su vida) del cual, se interesó.  Fueron amigos, porque los amigos se llevan bien y ya luego descubrirían qué pasaría.

Pero coincidió, en que tal como a ella, a éste personaje, tampoco le gustaba la cebolla.

Así que eliminaron la cebolla de sus vidas para siempre.



Post data.
Qué raro soy.  Pensándolo bien, dedico el post a los que como yo, odian la cebolla.


martes, 8 de marzo de 2011

Mi día

Amanecí con la garganta con sabor amargo, pensé que quizás la cosa se complicaría, pero no me dejaría vencer tan pronto.

Llegué a la universidad, escuché lo que la profesora tenía qué decir; me sentí cada vez más mal.  Así que decidí ir a comprar a la farmacia universitaria algo, compré unas pastillas que duermen la garganta, para no sentir el malestar.  Después, fui a comprar un derretido de queso y jamón (que me pareció caro, era un simple pan que bien pude haber hecho en casa y calentado en el horno microondas), no había desayunado y me sentía débil.  Tomé un café negro, amargo.

La hora se acercaba, me fui.  Llegué al lugar donde dizque me ejercito (no, en realidad sí me esfuerzo, jaja) y estaba cansado, veía el reloj de reojo.  La hora se acercaba.  No pensé mucho para evitar nervios y esas cosas.
Llegó la hora.  Me bañé.  Salí, vi el reloj, iba en buen tiempo.

Me senté en el lugar, la mesera se acercó, le expliqué que esperaba a alguien que estaba por llegar (cinco minutos tal como prometió, eso tardó la espera).  Recordé que llevaba el libro Once Minutos de Coelho, y busqué aquel fragmento que me gusta donde María, la protagonista, habla sobre que el remedio es peor que la propia enfermedad.  No enamorarse nunca soluciona las cosas.  Por cierto, llevaba el libro conmigo porque había hecho una exposición en la clase de inglés sobre el autor.

Envié un mensaje a la mujer que me tenía ahí, medio ansioso, medio nervioso, esperanzado.  Ella respondió "ok".  Presentí que quizás estaba nerviosa también, ideas mías.

Mi papá llamó, no contesté.  Todo parecía ir en cámara lenta para ese entonces.  Luego me volvió a llamar, le expliqué sobre unas llamadas a unas periodistas que debía hacer por un asunto de trabajo y a tiempo vi que apareció ella.

Un momento.  Apareció, seria.  Más seria de lo habitual.  Me levanté, le saludé de beso (eso de por sí era un reto, es que si no salía bien podría ser un momento chusco) y le puse la carta de forma que pudiera leerla.  Terminé la conversación diez segundos después y colgué.  Me dedicaría por completo a ella.

Me pareció más callada de lo normal inmediatamente.  Me vio a los ojos.

Y no me dejaba de ver.  Pronto acabé por concluir que era una excelente conversadora, le gusta ver los ojos de la persona con quien habla.  

He obviado un detalle.  El libro, lo abrí en la página treinta, le puse una cosita que explicaba qué significaba su nombre con un horror ortográfico.  Ella pareció feliz de ver aquello que para mí era parte de mi naturaleza.

Para entonces ya había notado que: me gustó el timbre de su voz, me fascinó cómo prestaba atención fijamente a cada cosa que decía (no lo digo por egocentrismo, sino que siempre es placentero encontrar una conversadora agradable y bonita a la vez) y disfruté su sonrisa, media tímida, media contagiosa.  Frabullosa.

Su look, también frabulloso, me pareció exquisito.

Pero todo el relato se centra en lo más importante que no es todo el montón de detalles que ya mencioné, sino en lo siguiente: ella tiene una cualidad que es fácilmente perceptible, es una cualidad principal.  Pero no la diré, no aún.

Al final me fui feliz, había calor, pero me fui sonriendo (la gente me miraba raro, como siempre).  Y sonreí porque tuve el lujo de conocer a un alma especial.  Alguien que justo cuando iba caminando de regreso, sentí, vi la imagen en mi mente de lo orgullosa que está su familia de ella, pero particularmente, la persona que le dio la vida.  La vi en largas tertulias con ella.

En fin.

Ella en cambio dice que soy un paquete "de monerías".

lunes, 7 de marzo de 2011

NO CREO EN LAS CASUALIDADES

Honestamente sin ningún otro ánimo, más que el estadístico - referencial, ya perdí la cuenta de cuántos lectores han visitado el blog.

No sé por qué digo eso.   Hoy a las 10:43, según la bandeja de entrada de mi e-mail, cayó un mensaje que parafraseado decía "sólo lo he visto dos veces; y en total, esas dos ocasiones no suman más de diez minutos, pero siento que lo conozco por medio de sus letras". Esto sí es literal "tiene un gran corazón, es usted sensible y romántico".

Y menciono eso porque estamos justo en la orilla para que sea el Día Internacional de la Mujer, para mí es un verdadero gusto, un gran honor y un lujo dirigirme a las mujeres, admirarlas, intentar comprenderlas (quizás muera en ese intento) y con frecuencia quedarme impresionado de lo que integralmente son.  En serio ustedes son un ser mágicamente diseñado.

En aquella canción, Arjona dice que desconoce qué habría pintado Picasso y qué habría escrito sino existieran musas como ustedes.  Y la verdad es que pienso que: o hubieran escrito y pintado cosas feas o no hubieran escrito ni pintado cosa alguna.

Nada pasa por casualidad.  Resultó ser que la persona (simpática y frabullosa persona) que envió el e-mail, tiene a su mejor amiga viviendo cerca de donde yo vivo, lo cual es una coincidencia por demás interesante.

Un abrazo a quienes tuvieron el placer de nacer mujeres.  No es casualidad que hayan nacido mujeres, nacieron para alegrar el corazón de los hombres.


domingo, 6 de marzo de 2011

Alguien me preguntó por ella en la universidad.  Supongo que algo le comenté; aunque sólo me preguntó como cuando la gente pregunta "cómo estás" para no ser tan escueto con un "hola"; no le importaba en realidad saber mi respuesta.

Así que sonreí y continué prestando atención a la clase de política, específicamente sobre el poder.

Luego al salir de la universidad, caminaba y vi un pedacito de madera que tenía nombres y supuestos significados de ellos.  Pregunté por el de ella en cuanto mis amigos se distrajeron, para que no me criticaran o dijeran cosas que me hicieran sentir cohibido o ruborizado.  Ahora que razono no habría razón para ello; en realidad sólo era preguntar por su nombre.

Lo compré.  La "cosa" tiene una falta de ortografía espantosa, pero seguramente si pedía otra, el error se repetiría, así que con el dolor de mi espíritu periodístico lo dejé pasar, pagué y me fui.

Al llegar a casa vi la "cosita" y sonreí.  Pensé que sin querer soy lo que las mujeres llaman "tan lindo".



Y bueno.  Ella ni sabe qué es.  Aunque se siente aludida.  Eso dice.



Y no sé qué piensa de mí, pero tengo tanta curiosidad.  Además, sería justo, yo ya he escrito mucho al respecto.


Tertuliana.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Enamorada de mí

Enamoré a una mujer de mis letras.  La conquisté con provocar que leyera mis ideas, constantemente.

Que se fijara en la elegancia de mi vocabulario y que soñara con un hombre romántico.

La hice suspirar con aquellas cosas que le dije, cuando pronuncié por medio de la palabra escrita las cosas que provocó al estar frente a mí.  Conseguí que suspirara dos veces por día, cuando leía "te amo" y cuando me veía llegar a lo lejos.

Estas cosas pasaron sin que ella lo supiera: se enamoró perdidamente de mí y no supo cuándo empezó ni cómo sucedió.  Me amó como no sabía que podía amar.  Descubrió que su aire independentista, fue lo que más me gustó de ella, en vez de ser, como todas las ocasiones anteriores, lo que me alejara.  Con el tiempo, notó que su elegancia coqueta y extravagante que en su casa critican, a mí me hace verla diferente, especial.

Ella descubrió que el cuidado que había mantenido sobre su apariencia (especialmente sobre su cutis; esas cosas que yo en definitiva no cuido; no soy fashion, no visto acorde a los colores, siempre elijo lo que no está de temporada y no es intencional, son errores que ya vienen de fábrica, supongo) rindió frutos, no porque su sola apariencia me gustara, sino que integralmente era un ser extraordinario, incluida la belleza exterior, que me permitían tenerla como de preámbulo.

Se enamoró y por supuesto que yo no tengo la culpa.  Le advertí que no lo hiciese.  Le pedí de favor que no se fuera a enamorar de mí, sonrió, pensó que yo era bastante abusivo y pretencioso (además de ególatra) pero terminó cayendo, poco a poco.

Ella se enamoró de mí, justo al finalizar de leer un post como éste, donde la invitaba a enamorarse y le aseguraba que tarde o temprano, acabaría enamorándose de mí.

Le dediqué mi tiempo, porque quise ayudarla.  Le dediqué mis letras para comunicarme con su alma, tal cual quisiera escudriñar ese lugar apartado para ella y el amor, donde sólo yo tuve cabida.

La verdad, creo que se empezó a enamorar un mes de febrero.  Y en diciembre terminó por aceptarlo.


 

Otra historieta

Esta es la historia de una chica, bonita ella, que conoció a un tipo que, como a todos, lo sedujo y que luego dejaría ir.  Claro, no era algo que lo pensaba maquiavélicamente, sino que era algo que simplemente ya era innato en ella, sin darse cuenta, sin malas intenciones.

Ella lo conoció casualmente; él iba cruzando la calle, ella paseaba a su perro, él a su perra. A él le gustó, fue inevitable que se acercara a hablarle.  Cruzaron palabras; ella regresó extrañada a contarle a su familia sobre el hecho raro, desde entonces ellos jugueteaban con la chica en cuestión sobre la casualidad, la cosa rara de la vida.

El tema es que ella sabía, muy en su interior, que físicamente él no respondía a sus expectativas, y mucho menos, a lo que socialmente sería aceptado.  Ella ciertamente era bonita, pero padecía de pensar mucho en lo que otros pensaran.  Le daba demasiado lugar a la opinión masiva y con frecuencia se avergonzaba de sus pretendientes.
Al final, ella descubrió que tenía ojos para todos y también para él.  Le llegó un ataque de buena conciencia, lo botó como a todos, y regresó con aquel que consiguió verdaderamente conquistarla, enternecerla, hacer y decir cosas que jamás pensó que haría o diría, pero que alejó.

Ella la conocí hace poco más de un año; y murió hace algunos meses.

Mis razones

En mi vida, sólo intenté "conquistar" a dos chicas.  No he tenido éxito al respecto.

Pero lo interesante es que ahora que hago memoria, yo nunca he tratado de ir tras una chica.  Es decir, nunca me pasó que conocí a alguien que me atrajo y traté de conocerla sólo por eso.  Usualmente mantuve una relación amistosa.

Y digo eso porque recibo e-mails y comentarios de personas que me preguntan si es posible amar a un amigo o amiga, o que qué cosa deben hacer si aman y no son correspondidos.  La verdad, quisiera saber responder a esas preguntas, pero no lo sé.

Hoy estoy feliz.  Como hacía algún tiempo que no lo estaba, es decir, esa clase de felicidad.

La vida es hermosa, no cabe duda, es difícil comprender algunas cosas, sobrellevar otras, pero en esencia es maravillosa.

Mis razones para sonreír es ver la sonrisa de otra persona.  Es amar, es tener esa cosquillita de cuando conoces a alguien; mis razones para ser feliz es aquello que haces cuando te preparas para ver a alguien, el regalo que le darás para su cumpleaños, la carta que escribirás al llegar a casa.



Quisiera volver a ser chico.  Pensar menos, jugar más.