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sábado, 9 de junio de 2012

Me apasionas, evidentemente.

Cuando se trata de ti, de tus desplantes o amores, me apasiono.  No importa qué siempre me haces sonreír.

Hoy recordé tu inseguridad abrupta y las locuras que caracterizan tu carácter.  Quise hablarte, saber cuál fue el pecado capital que cometí para ganarme tu silencio.  Quizás no hice algo, sólo ser como soy no te gusta o te desespera.

¿Alguna vez dirás qué te hice? o ¿acaso dirás que la razón de no hablarme es para no seguir haciéndome daño? es que cualquiera de las dos sonaría feo.

Mejor rehago este post:

Me apasionas.  Cuando estás siento aquella emoción que hace daño a tu estómago y cautiva tu mente; cuando no estás deseo encontrarte, hablarte, sentirme en contacto contigo.  Tus sonrisas, aquellas que obsequias al aire, quiero conquistarlas todas.  No para volverlas prisioneras mías, sino para expandirlas y ser compartidas.

No quiero sonar soso o falso cuando escribo cosas como éstas.  Ni siquiera intento ser romántico, la única cosa que quiero es escribir el cúmulo de sensaciones que vienen a mi mente y logro plasmar con mis dedos.

Me he empezado a resignar con la idea de que jamás volverás a hablarme, eso es injusto, injusta.

miércoles, 30 de mayo de 2012

He pensado hacer una página web con tu nombre.  Del tipo www.tunombre.com pero creo que no te interesará si quiera visitarla y eso sería doloroso.

En serio, aún desconozco, no comprendo, qué fue lo que pasó.  Porqué no quieres saber siquiera de mí.  Quizás nunca me lo digas o respondas un descompuesto y tradicional (en ti) "no sé".

En fin, te extraño.  Y extraño incluso extrañarte.  Pero básicamente tengo sed de ti, de informarme sobre tu vida y conocer un poco más aquellas cosas que te hacen sonreír y escuchar tu aflautada vos.  Háblame, por favor.  Dime cualquier cosa, o mírame y calla.

lunes, 23 de abril de 2012

No quiero amarte

Tengo el mero deseo de que me ames.  No como capricho, más bien como un anhelo profundo del alma.

Hoy no quiero amarte, ámame tú.

Hazlo tú.  Por favor.

¿Es patético pedir que me ames? no sé, y no lo sé porque no pienso en este momento.  Tengo un sentimiento inundando mi garganta, cual si fuera algo que quiere salir y no le es permitido por mí mismo.

De verdad, simplemente, ya no quiero amarte.  Decidí por razón y salud, dejar de amarte, pero se me complica la cosa.

No quiero, no deseo más eso.

Pero quiero que tú me ames.  Ámame como debiste hacerlo siempre, dime que quieres amarme y que no soy tan desgraciado como pienso que soy para ti.  O dime que soy la peor cosa de tu vida, sería igual de útil: me alejaría de ti.

No sé, sólo es difícil.  Ya no quiero amarte, ámame tú.

Elígeme; cuando hagas un repaso mental de tus opciones, ámame a mí, no por lo que la mayoría piensa, sólo por una decisión propia.

La gente se reirá de mí cuando lea esto inevitablemente.  Eso ya lo sé.  Pero no sé porqué es ahora más importante que lo sepas.  Duele la vida, duele el amor y no es cierto. Duele el desamor.

La vida nos confunde a ratos con sus extrañas apariciones y difíciles modos de concebir la situación presente.  La vida nos aclara la mente cuando nos da éxitos que no nos hacen felices pero nos entretienen, nos hacen sentir útiles y ya.

Somos felices cantando si lo deseamos aunque no sea suficiente.  Somos felices haciendo aquello que nos hace sonreír y eso es digno.

Yo quiero no amarte más.  Punto.

martes, 3 de enero de 2012

¿Sabes algo de ti?

Hola.  ¿Cómo estás? ¿Sabes algo de ti? ¿Te has visto por ahí?

Sólo quería pedirte que si alguna vez vuelves a encontrarte, te avises, te digas que yo te sigo amando.  Sigo queriendo saber qué piensas, dónde estás o si yo te agrado.

¿Dónde estás?

No sé, no te encuentro ni te veo.  ¿Tú sabes dónde estás?, me dijeron que decías que no, que no te encontrabas, que a ratos te sonreías pero que no terminabas de verte o saludarte.  Tú no te encuentras y, a decir verdad, no sabes ni cómo encontrarte.

Te perdiste, se te voló la imaginación.  Te desconoces y te asustas cuando ves tu reflejo.  No sabes quién eres.

¿Dónde estás? ¿sabes algo de ti? cómo te estará yendo, qué estarás pensando.  No lo sabemos ni tú ni yo.

Tú no sabes dónde estás.  Yo no sé qué te hiciste.

Como no estás aprovecharé a decirte que desde que decidiste marcharte desconozco el día que el calendario marca y la hora que el reloj decide.  No sé bien qué cosas pensar o hacia dónde mirar.  Me haces falta, no te encuentro.  ¿Sabes algo de ti? no nos hemos visto hace mucho tiempo.

Te extraño porque cuando uno ama, necesita, desea.  Te extraño porque aunque nunca tuve una dependencia de ti, siempre quise tenerte la mayor parte del tiempo a mi lado, cada segundo posible quise respirar el mismo aire, ver las mismas cosas.

Me gusta contarte qué hago, platicar sobre las cosas que pasaron ese día.  Extraño cuando estabas, pero no es cierto porque nunca estuviste.

No sé qué hacer sin ti.  Tú tampoco sabes dónde estás.  Te estamos buscando.

¿Sabes algo de ti? ¿te recuerdas de mí?

viernes, 7 de octubre de 2011

Carta número veinte

Nunca pensé que escribiría la veinte.

Hace casi una semana te vi después de mucho tiempo.  Contrario a lo que cualquiera podría pensar, no te estaba huyendo, esperaba con ansias encontrarte frente a mí.  Sólo que los nervios y el deseo de encontrarme pleno para ese reencuentro me hacen parecer tonto, extremadamente serio además.

No sé si leas esto, es difícil.  Y aunque lo hicieras, sé que nunca me lo dirás, o al menos no por ahora.

Esperaba darte un abrazo, lo intenté y fingí no percatarme que lo despreciaste.  Me saludaste cordialmente, como diciendo "la educación no pelea con nadie, saludémonos de una vez por todas y ya, punto final a esa duda mutua de cómo reaccionaremos".

Te veías simpática como siempre.  Envidié aquellos momentos en que conversábamos cuando recién nos conocimos y buscabas hablarme más para ser amable y buena líder que por una amistad pura y verdadera.  La última vez que te pedí tu amistad me dijiste que no te interesaba "ni siquiera eso".  Fue doloroso.

Ahora que te volví a ver, quise verte a los ojos, tal vez preguntarte cómo has estado (de rutina) y volver a preguntarte "de verdad" (porque me interesa en serio).

Sólo quería que supieras que no pasé desapercibido nuestro encuentro.  Soy iluso, pero a veces sueño otra vez con vos.  Ya sé que estoy loco y soy demasiado necio.

El amor nunca deja de ser.


P. D.  Tu hermana me dijo que vos manejás muy despacio y que por eso llegaron tarde; aunque también confesó que ella, como era de suponerse, se levantó tarde.  Dame un beso.

domingo, 5 de junio de 2011

NO sé por qué siempre soy bastante ansioso y desesperado para algunas cosas.

Respecto de "mujeres", no soy así.  Soy más bien bastante soñador y esas cosas. Me dicen romántico, me dicen que yo me enamoro del amor y otras cosas que son parcialmente ciertas o parcialmente falsas.

Ah.  Uno se convence de algunas cosas en la época temprana.  Cuando te inscribes a un curso, sabes, casi desde el primer día si te gustará o no.  Cuando estás en un trabajo, generalmente percibes en el primer mes el ritmo del trabajo y si tú te acoplas o no a él.  Así pasa para todo siempre pues.

Y a veces uno llega a comprender que hay relaciones que son dañinas, o contraproducentes.

Las corazas son fuertes.

Yo admito que soy desgastante, soy de aquellos que cuando escucha una canción que le gusta, la repite y repite hasta que la quemo y nunca más quiero volver a escucharla. Y tristemente parece que así soy en las relaciones interpersonales.  Al principio todo va bien, pero luego soy aburrido, soy empalagoso y todo se ha echado a perder de nuevo.

Eso me está pasando otra vez.  Siento que me mantengo, pero que ya no camino.  Siento que estoy ahí, pero sin evolución, estático y yo no puedo vivir así.

Así que haré un stop.  De mi parte, he dado, he puesto mi parte. Es tiempo de detenerme y ver si lo que di, fue suficiente.  Ahora será tiempo de hacer nada.

viernes, 13 de mayo de 2011

Reflexión postvacacional

Esta semana estuve recorriendo la parte norte de Guatemala.

Visité algunos lugares exquisitos, como la isla de Livingston en Izabal, donde vive la cultura garífuna; estuve en el Parque Nacional Tikal, en Petén.  Pero a lo largo de esos días, frente a paisajes majestuosos, uno tiene la oportunidad de pensar, reflexionar y alejarse de la rutina, claro está.

Uno comprende alejado de la gran ciudad que las cosas son sencillas y nunca pudieron serlo tanto.  Uno reflexiona acerca de lo sencillo que es vivir, es sólo eso.  Si alguien tiene aire en los pulmones, hace lo que ama, vive con quien ama, tiene una casa, energía eléctrica (por las comodidades que eso implica), alimento, agua, debería ser feliz.  A veces nosotros nos esclavizamos porque queremos la ropa de moda, los zapatos que "nos gustan" (en realidad sólo respondemos a un estímulo publicitario, a una comunicación hipodérmica), la televisión de más alta tecnología y nos olvidamos de lo básico que es vivir, compartir con personas que amamos, reír más y soñar menos aquello que nos han dicho que soñemos.

El sueño americano es una utopía, una estupidez.  Se confunde el desarrollo y el bienestar con la acumulación de bienes materiales que en nada saca provecho uno.

Así es esto.

Dicho sea de paso; he decidido, oficialmente, dejado de luchar por razones equivocadas.  La vida es sencilla y nunca pudo serlo tanto.  

Eso de andar "conquistando" gente, no se me da.  Yo soy así como soy porque es el resultado de mi formación y mis creencias.  Pero ya no haré nada más.  No me siento bien yendo tras esperanzas de encontrar algo diferente; uno no puede hacer que la gente cambie.  Uno no debe procurar que la gente sea distinta, debe aceptarla e inspirarla, sin mediar palabra ni nada, a ser mejor.

Y yo he comprendido eso; debemos aprender a no ser necios.  Debemos madurar, crecer, comprender que a veces las personas nos atraen por lo que se ve, pero no nos atrae lo que son.  Y el tema de la no atracción, no es tan grave.  Es sólo una situación, en todo caso, siempre queda la amistad.

Las cosas sencillas de la vida, como el amor, deben disfrutarse con la naturalidad del caso.


Éste, mis queridos y queridas, ha sido el fin de un capítulo.  Un capítulo que no calificaré de bueno o de malo, sólo diré que lo he finalizado, o que al menos intentaré acabar con él, todos tenemos nuestros días difíciles y los míos son insoportables.  Mejor me deshago de lo que no tengo.  Mejor me alejo de lo que está lejos.

miércoles, 27 de abril de 2011

Carta número diecinueve

Estaba sentado escuchando a Julio (Melgar) y de pronto vino la señal, justo frente a los dos monitores que hay en esta habitación que sirve para editar audio, video, fotografías, escribir ensayos de política, aquello que pienso del mundo y para llenar este blog, ocasionalmente de mis letras.

Pensé en mi imprudencia del otro día (lo admito) del mensaje sobre que la cosa no funcionaría, porque a pesar de que sí fue algo divino, creo que lo pude haber hecho de otra forma.  Y más tarde planeo enviarte un mensaje al celular, pero pasa que no sé si me arrepentiré, no de hacerlo, sino de la crisis que te puedo causar.  Hoy la señal vino clara.  Fue precisa.

Recordé el día de la carrera en Las Américas.  Pensé que quizás necesitás ayuda con la redacción de algo, cualquier cosa y que a mí pues humildemente me gusta hacer eso (ayudar-te y redactar-te), o que quizás estás con ganas de que alguien suba tu autoestima, te diga aquel cúmulo de cosas que las volvería a decir porque eso pensé en ese momento y porque eso sentí y porque soy firme con aquello que digo, pero sobre todo, con aquello que escribo.  Pensé que de pronto, no sé, quizás tal vez, tuvieras ganas de leer muchas letras mías, de escuchar las cosas tan interesantes que solía decir por teléfono que te hacían quedarte sin palabras (en realidad sí sabías qué decir pero decirlo sonaría demasiado cruel).

Pensé importunadamente en el hipoclorito, en consecuencia en vos. Pero seré honesto, hace unos dos días alguien me preguntó si te extraño (para variar un lector de este sitio, luego una lectora), le respondí la verdad, que no.

Hace unas dos semanas, Jenny me preguntó lo mismo, le dije que no (insisto, es la verdad), me contó que habías chocado o algo así.  No le puse importancia (con una inusual frialdad en mí).  Y nada más.  El domingo anterior, admito que mientras subía las gradas de la parada del Transmetro volteé a ver McDonald's, porque aquella mágica vez que llegamos justo al mismo tiempo con la esperanza de que el otro recordara el acuerdo de vernos ahí, fue precisamente: mágica.  Esa vez te quejaste de tu mamá, te quejaste también del propio carro que se descompuso, dijiste que llevabas la misma ropa sucia del otro día y sin bañarte (oh sorpresa! (es broma)).

Sólo quería saludar.  Mientras escribía este post decidí no enviarte el mensaje y que la señal te llegue igual que a mí y leas esto, sobre todo, que tengas, lo que se necesita tener (valor, agallas, gracia, pena, lástima o lo que sea) para responderme con un "hola" como yo lo hice tantas veces.


No pelees, sólo quería saludar.  Tu hermana me dijo algo doloroso hace varios meses, dijo "vos no soportar haber perdido y que ella - vos - no te pelara".  Fue doloroso, porque de la que consideré mi mejor amiga jamás esperé algo así, tan fuera de foco, alejado totalmente de la realidad.  Uno cuando ama desea el bien de la otra persona (SÍ!!!! LO SIGO SOSTENIENDO) aunque no sea a tu lado.  Pero para hacer eso se necesitan agallas; de un lado - el mío - para aceptar esa circunstancia, y del otro lado - el tuyo - para tener la madurez de decirlo.

¿Ya solucionaste tu problema para expresar y / o sentir amor?


El amor nunca deja de ser.  Pero yo no soy el amor.

jueves, 24 de marzo de 2011

Estoy cansado

Encuentro mi corazón un poco cansado.  La mitad de latir (no estoy viejo, sólo cansado para eso hace falta: descansar) y la otra mitad de sentir.

Entre mi latir y mi sentir se encuentra un espacio mínimo.  Quizás el espacio no es espacio como tal, sino una simple división que debe existir para que haya diferencia.

Me toma tiempo comprender cómo funcionan los corazones y las mentes ajenas.  A veces quisiera simplemente compartir el corazón - no en el estricto sentido romántico, sino relacional - con otra persona.  Sólo quisiera ir a un lugar, equis, y tenerle ahí, indefectiblemente.  Hacer lo que quiera.  Verla, decirle aquellas cosas que quiero decirle porque eso pienso.  Hablar sobre política si me da la gana, hablar de sexo si quiero, o decirle de la religión, aquellas cosas que me carcomen.

Me gustaría caminar, estar en alguna montaña alta, verle, sólo, sin explicar algo.  Sin excusarme, sin el desgraciado sentimiento de posesión sobre la otra persona.  Que la libertad exista, de odiarle o de amarle.

No necesito una musa, como me dijo alguien.  Ni siquiera necesito una excusa.

El amor es en esencia: tener la libertad de amar a cualquiera, y decidir amar a la misma persona, cada día.

Quisiera tomar café con ella.  Reformulo: quisiera beber chocolate viendo el lago de Atitlán, desde Panajachel, en Sololá.

Me gustaría escuchar jazz al tiempo que los multicolores indígenas pasan, ofrecen productos que venden también en la zona uno de la ciudad de Guatemala, pero que allá por alguna razón parecen ser más típicos.

Me gustaría después escuchar sonidos típicos, luego escuchar el silencio.  Quisiera esperar que anochezca, sin tener ninguna pena por la cosa que pasará si despierto tarde.  Desearía tener esa compañía, pero no la compañía que acompaña el cuerpo, sino la compañía que acompaña al alma.

No necesito una mujer para darle un beso, tomarle la mano o para entrar y salir de su cuerpo; tal vez sólo quiero un ser humano extraordinario.  Y conozco seres humanos extaordinarios.  La mayoría de ellos, fríos como el hielo, pero con una luz que ni ellos mismos ven y lo confunden con su carácter egocéntrico, frívolo, con esa desgraciada incapacidad de sentir; diré más aún: no tienen incapacidad de sentir, tienen incapacidad de expresar aquello que sienten, pero que está ahí.  No está ahí tan apasionadamente como en la gente cursilesca, no está ahí tan al borde de la vista como en aquellos que dedican poemas, escriben cartas y regalan flores, pero está.  Está escondido, encerrado.

Y  yo.  Sólo estoy un poco cansado.  No desilusionado, aunque al borde.  Estoy feliz, pero consciente de que la vida nunca pudo ser mejor ni peor.  La vida es cada vez, eso es todo.

Me divierte soliloquiar como en este caso.  Me gusta, me fascina que la gente me sonría sin razón.  Me entretiene que las personas se tomen el tiempo de querer descubrirme.

Quiero ser aquello que soñaste sin dejar de ser lo que yo siempre soñé ser.

Quiero decir lo que nunca dije y sentir, aunque sea la mitad de lo que se siente cuando todo empieza a suceder adentro de ti y viene de afuera.

Ya sé que no has vivido la experiencia de no soportar vivir sin la otra persona, no concebir tu día sin leer algo que te lleve a él o a ella, no soportar expresarle lo que te provoca: que te gusta, que te agrada, que le quieres, que le amas o que ocasionalmente le odias.

Amar es también haber odiado a esa misma persona algunas veces.  Es tener razones, todas, suficientes, para odiarle, pero aún así amarle.

Amar es tener argumentos válidos para odiar, pero de todas formas amarle.  Y no digo que quieras odiarle sólo porque sí; amar es dar, aún sin recibir.

La persona que esté dispuesta a proteger los sentimientos ajenos, aún sobre los suyos, encontró aquello que la gente busca en canciones, en letras y en tanto lugar: amor.

La persona que esté en la disposición de trabajar para que otro coma, ama.  El que está dispuesto a destaparse, para que otro se tape, ama.  Y en definitiva aquel que pone el bien ajeno, pese al suyo, aprendió a amar.


Estoy cansado.  Nomás tantito.  Pero estoy hartamente feliz.

Hoy estoy feliz, me encuentro a mí mismo feliz.  Feliz porque la muchosidad me abriga.

Feliz porque sí.  Sólo porque sí.



Post data.  Mucho gusto.

lunes, 21 de marzo de 2011

De cuando nos empezamos a ilusionar

Te ilusionas, te ilusionas más, te enamoras.  Quizás no es la forma más científica de describir el proceso de enamoramiento.  Qué me importa.

Cuando nos empezamos a ilusionar varias cosas suceden adentro de nosotros, sigue las señales:

Idealizas a la persona.  Le atribuyes cualidades que no sabes si tiene, los defectos los minimizas.  En realidad, te mueres por verle, hablarle, te desesperas un poco y cada vez más, por compartir tiempo a su lado.

Algo curioso: aquellas cosas que sí son "puntos en contra" de él o ella, los ves como "superables" o "aguantables".  Maximizas sus virtudes.  Si sabe cantar, presumes con tus amigos que "el nuevo" o "la nueva" candidata es cantante.  Si sabe bailar, lo presumes; si sabe escribir, destilas esa cualidad por todos lados.

Algo más: le cuentas a tus amig@s de él.  Pero, lo cuentas con mucho entusiasmo, entusiasmo que ellos notan y que más de alguno o alguna te lo dirá.  Te hará ver que te estás ilusionando, tú sonreirás.  Pedirás, como chiquill@ que te molesten con esa persona, y en términos generales, esa nueva persona empieza a consumir parte importante de tu tiempo.  NO hablo precisamente de tiempo presencial, sino que, a partir de entonces, dedicas pensamientos a él o a ella.

Cuando empiezas a ilusionarte, inevitablemente recuerdas relaciones anteriores, casi al borde de la comparación.
Continúo luego.

martes, 15 de marzo de 2011

Carta de un amor no correspondido

Amada:

Por este medio decidí comunicarte desde lo más profundo de mi corazón, con los sentimientos que me afloran, una lágrima rodando sobre mi mejilla y después de varias horas de discutir conmigo mismo, lo que he llegado a comprender.

Comprendí que sin importar cómo o cuánto te ame, tú nunca me corresponderás.  Logré entender que mi amor, a pesar de la intensidad y la cantidad que tengo hacia ti, hacia tu alma, tu corazón y tu ser integral, no te importa; ni te conmueve ni te interesa.

No todo ha sido tan malo.  Gracias a ti comprendí qué siente aquel que ve a la mujer que más ha amado sobre este planeta, con otro.  Ahora sé la cosa punzante que se siente en el corazón cuando descubres que poco a poco me estás cambiando por alguien más.  Sé la desgracia y el sabor amargo que se siente cuando ves al amor de tu vida sonriendo al recibir una llamada extraña y un mensaje sospechoso.

He comprendido también que nunca te dejaré de amar.  Que me duele profundamente el amor que te siento; pero también sé que, inexplicablemente, me alegra verte feliz, aunque no sea conmigo.

Desconozco la cosa que hay qué hacer para llegar a tu corazón.  Tal vez nada, el idiota del que te enamoraste, que después te dejó por tu mejor amiga, no hizo ninguna cosa, sólo se peinaba de forma rara y usaba atuendos con los que, según tú, se veía "a la moda".

No me amas y seguramente nunca me amarás.  Yo te amo y quizás nunca deje de amarte.



La diferencia entre tú y yo.  Es que yo soy feliz, porque aunque no soy correspondido, te amo.  Tú en cambio, por la incapacidad de amar, jamás disfrutarás de aquello que sólo un selecto grupo de personas tenemos, la pasión y la necesidad de querer estar con alguien.







jueves, 10 de marzo de 2011

Tres cosas sintió el corazón: emoción, intención y miedo.

Emoción de ser amado, intención de amar y miedo de equivocarse o que se equivocasen con él.

Razonó, porque el corazón a veces parece razonar, que nunca se dio a nadie por completo.

Y quiso darse.

Sonrió.  Pensó que se apresuraba.  Y de hecho, se estaba apresurando.

Cómo no apresurar el paso cuando te emociona lo que tienes frente de ti?


Recordó que el enfoque del resto del cuerpo debía mantenerse.  El enfoque de la mente.  Recordó que debía ser inteligente.  Que el pensamiento y la mente no pelean.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Mi yo

Recuerdo que siempre quise estar con alguien que me gustara desde la primera vez que la vi.

Hasta hace un mes aproximadamente eso no había sucedido, no se había presentado la oportunidad.

No porque no hubiera quién me gustara al verle, sino porque usualmente a esas personas no las vuelvo a ver jamás.

Este día lo he pasado con gripe, y cuando paso todo el día prácticamente sin hacer algo, productivo, me siento mal, jaja.  Me siento como que mi vida se está quedando estancada.

Hoy recordé que quiero cambiar mi futuro.  Recordé que la vida siempre puede ser mejor y que no importa cuánto tenemos entre las manos, sino cuánto queremos alcanzar.  No es un discurso soñador infructuoso.  Es lo que yo he vivido.

He aprendido a dejar de quejarme por lo que no tengo, y a usar lo que sí tengo para llegar a donde quiero.

El próximo año espero viajar, pero el destino a veces nos tiene preparados caminos diferentes.  Y de igual forma, quizás viaje; por primera vez diré esto en el blog.  Tengo la oportunidad de salir a España por una beca a estudiar una maestría.  Quizás lo haga, quizás pase algo que me haga cambiar los planes, en cuyo caso, estaré igualmente de agradecido con Dios.

Estoy frabullosamente feliz.  Como dijo el famoso escritor de Alicia en el País de las Maravillas.  Por cierto, frabulloso es una mezcla entre fabuloso y hermoso, sino mal recuerdo las traducciones, es una palabra inventada por esa persona.

Por ese país donde las maravillas, las cosas irreales y lo que uno sueña se puede hacer realidad.  Los príncipes y las princesas están presentes, aunque no existen, pero son parte de la subrealidad.

Gracias a Dios por poner siempre a las personas indicadas en el camino, literalmente, de las personas.

domingo, 6 de marzo de 2011

Carta número dieciocho

¿Y ahora qué?

Yo he pedido perdón cuando corresponde.  Cuando he cometido errores, cuando he sido infantil, pero y ¿ahora? El carácter se desarrolla en momentos como éste.

Yo no te odio, no estoy resentido como dice tu hermana, no te he tratado mal, no he enviado "emisarias" con mensajes subliminales (hasta me bloqueaste, eso me contaron y yo lo verifiqué; sólo duró un tiempo, por cierto).  O sea, no comprendo cuál es el enojo.  Yo hice todo lo que pude y la última vez, ya sé que quizás no lo recordás, me dijiste que no estabas interesada en mi amistad, cosa dolorosa, pero lo dijiste.



Post data.  Sigue sin gustarme el alisado de tus cabellos.  Antes de que podás pensar "qué me importa", pensálo.

No me escondo detrás de letras y desde el anonimato ni nada de eso.  Tengo el suficiente carácter para acercarme y hablar; en esta ocasión, también tengo el suficiente carácter para no acercarme y no hablar.

¿Qué hay adentro de tu cabeza?  Ya no se trata de mí.  Este no es un mural donde me comunico con la gente, si eso quisiera, llamaría, enviaría e-mails o utilizaría una vía más directa.

Particularmente en este caso, pienso que aquello que, según mi hipotesis, te hastió (este montón de palabras; eso dijo tu hermana, aunque ya sé que ustedes son la misma cosa, se lo cuentan todo, genial), quizás te des-hastíe.



miércoles, 2 de marzo de 2011

Enamorada de mí

Enamoré a una mujer de mis letras.  La conquisté con provocar que leyera mis ideas, constantemente.

Que se fijara en la elegancia de mi vocabulario y que soñara con un hombre romántico.

La hice suspirar con aquellas cosas que le dije, cuando pronuncié por medio de la palabra escrita las cosas que provocó al estar frente a mí.  Conseguí que suspirara dos veces por día, cuando leía "te amo" y cuando me veía llegar a lo lejos.

Estas cosas pasaron sin que ella lo supiera: se enamoró perdidamente de mí y no supo cuándo empezó ni cómo sucedió.  Me amó como no sabía que podía amar.  Descubrió que su aire independentista, fue lo que más me gustó de ella, en vez de ser, como todas las ocasiones anteriores, lo que me alejara.  Con el tiempo, notó que su elegancia coqueta y extravagante que en su casa critican, a mí me hace verla diferente, especial.

Ella descubrió que el cuidado que había mantenido sobre su apariencia (especialmente sobre su cutis; esas cosas que yo en definitiva no cuido; no soy fashion, no visto acorde a los colores, siempre elijo lo que no está de temporada y no es intencional, son errores que ya vienen de fábrica, supongo) rindió frutos, no porque su sola apariencia me gustara, sino que integralmente era un ser extraordinario, incluida la belleza exterior, que me permitían tenerla como de preámbulo.

Se enamoró y por supuesto que yo no tengo la culpa.  Le advertí que no lo hiciese.  Le pedí de favor que no se fuera a enamorar de mí, sonrió, pensó que yo era bastante abusivo y pretencioso (además de ególatra) pero terminó cayendo, poco a poco.

Ella se enamoró de mí, justo al finalizar de leer un post como éste, donde la invitaba a enamorarse y le aseguraba que tarde o temprano, acabaría enamorándose de mí.

Le dediqué mi tiempo, porque quise ayudarla.  Le dediqué mis letras para comunicarme con su alma, tal cual quisiera escudriñar ese lugar apartado para ella y el amor, donde sólo yo tuve cabida.

La verdad, creo que se empezó a enamorar un mes de febrero.  Y en diciembre terminó por aceptarlo.


 

Otra historieta

Esta es la historia de una chica, bonita ella, que conoció a un tipo que, como a todos, lo sedujo y que luego dejaría ir.  Claro, no era algo que lo pensaba maquiavélicamente, sino que era algo que simplemente ya era innato en ella, sin darse cuenta, sin malas intenciones.

Ella lo conoció casualmente; él iba cruzando la calle, ella paseaba a su perro, él a su perra. A él le gustó, fue inevitable que se acercara a hablarle.  Cruzaron palabras; ella regresó extrañada a contarle a su familia sobre el hecho raro, desde entonces ellos jugueteaban con la chica en cuestión sobre la casualidad, la cosa rara de la vida.

El tema es que ella sabía, muy en su interior, que físicamente él no respondía a sus expectativas, y mucho menos, a lo que socialmente sería aceptado.  Ella ciertamente era bonita, pero padecía de pensar mucho en lo que otros pensaran.  Le daba demasiado lugar a la opinión masiva y con frecuencia se avergonzaba de sus pretendientes.
Al final, ella descubrió que tenía ojos para todos y también para él.  Le llegó un ataque de buena conciencia, lo botó como a todos, y regresó con aquel que consiguió verdaderamente conquistarla, enternecerla, hacer y decir cosas que jamás pensó que haría o diría, pero que alejó.

Ella la conocí hace poco más de un año; y murió hace algunos meses.

Mis razones

En mi vida, sólo intenté "conquistar" a dos chicas.  No he tenido éxito al respecto.

Pero lo interesante es que ahora que hago memoria, yo nunca he tratado de ir tras una chica.  Es decir, nunca me pasó que conocí a alguien que me atrajo y traté de conocerla sólo por eso.  Usualmente mantuve una relación amistosa.

Y digo eso porque recibo e-mails y comentarios de personas que me preguntan si es posible amar a un amigo o amiga, o que qué cosa deben hacer si aman y no son correspondidos.  La verdad, quisiera saber responder a esas preguntas, pero no lo sé.

Hoy estoy feliz.  Como hacía algún tiempo que no lo estaba, es decir, esa clase de felicidad.

La vida es hermosa, no cabe duda, es difícil comprender algunas cosas, sobrellevar otras, pero en esencia es maravillosa.

Mis razones para sonreír es ver la sonrisa de otra persona.  Es amar, es tener esa cosquillita de cuando conoces a alguien; mis razones para ser feliz es aquello que haces cuando te preparas para ver a alguien, el regalo que le darás para su cumpleaños, la carta que escribirás al llegar a casa.



Quisiera volver a ser chico.  Pensar menos, jugar más.

martes, 1 de marzo de 2011

Usted

¿Cómo le hace usted para mantenerse soltera siendo hermosa?, pero más aún, respóndame, ¿cómo mantiene alejados a sus pretendientes? es que usted es en serio hermosa.

Por supuesto que digo "hermosa" con el mayor de los respetos y con la admiración que uno le dedica a una belleza natural, tal si fuera una flor.

Hace poco más de un año, conocí por primera vez a la Monja Blanca, que es la orquídea nombrada como Símbolo Nacional de Guatemala.  Es hermosa; recuerdo que iba mentalmente preparado como cuando uno tiene una cita con una mujer galante.  Admito que su tamaño dejó qué desear, es que siempre la imaginé de gran tamaño, pero me gustó, me conquistó, es una elegante mujer.

La elegancia en las mujeres, esa cualidad innata (eso pienso yo) que ellas tienen, es inmensamente abrasiva.

Continúo mi interrogatorio.  Dígame, usted es bella, que conste que no la tengo diariamente frente a mí ni nada por el estilo, pero dígame, cómo es posible que sea usted tan bella, yo tan común y corriente, y aún así me dirija la palabra.

Yo tengo esa curiosidad. A propósito, debo confesarle que su mirada tímida y su sonrisa, son armas letales.  Son detalles que no puedo pasar por alto.

Francamente, ya sé que quizás usted piensa que estoy loco, que exagero un poco o que soy "como todos" y tiene razón en pensar eso.  Empero, le aseguro que no soy así.

¿Dónde consiguió el color de su piel? y ¿de dónde aprendió la inteligencia que tiene?

He detectado, fíjese usted, que las mujeres que han logrado atraerme, tienen un denominador común: son inteligentes.  Y usted lo es.


Finalmente, mi querida.  En virtud de su belleza y con el salvoconducto de ser mejor cada día, debo decirle que aunque la elegancia del pronombre "usted" es interesante, no sé, a veces prefiero el tú o el vos.  Es que no he aprendido a llamar de "usted".

Dígame usted, ¿dónde puedo encontrarla?  Sea usted honesta, mi querida, hágame una seña, guíñeme un ojo, diga una cosa que me haga entender que usted, además de ser hermosa e inteligente, siente precisamente la curiosidad que uno siente cuando recién conoce a alguien.  No es algo profundo, simple curiosidad que se despertó y que es necesario calmar.

Usted, usted, usted.

Usted es...no sé, inspiradora.


lunes, 28 de febrero de 2011

¿Aceptas enamorarte?

Tu carácter firme y tajante, se dulcificará poco a poco.  Las cosas que antes te parecían "cursis", ahora las harás porque quieres "consentir" a alguien.
Esperarás con ansias leer un mensaje de texto, recibir una llamada, un correo electrónico, una actualización de Facebook.  Querrás saber de él.

¿Aceptas enamorarte?
En caso de ser así, tendrás menos tiempo para ti, sonreirás desmedidamente sin razón aparente, desearás que llegue el día en que le verás.

Tu tiempo se dividirá entre el tiempo en que estás a su lado, y el resto de los minutos.

Tu corazón latirá más rápido cuando estás cerca, los nervios se incrementan.  En realidad, no sucederá nada a tu alrededor, porque todo sucederá adentro de ti.

¿Aceptas enamorarte?
Tendrás que ceder un poco.  Deberás dejar de ser, para que él sea.  Con medida, sin exceso.

Al fin y al cabo el amor no es un sufrimiento indefinido.

Si aceptas enamorarte, dejarás de ser mezquin@ contig@ mism@.  Si aceptas enamorarte, la mejor experiencia de tu vida está por venir.  Porque amar no es sentenciar tu futuro, es alimentarlo.

Si aceptas enamorarte, no todo será perfecto, pero te aseguro que lo disfrutarás más.

Sonreirás más (la mayoría de veces sin razón), querrás escribir versos, escuchar canciones de amor y hasta soñarás con incluirlo en tus próximas vacaciones.

Trabajarás mejor, estudiarás más.  Querrás contarle tu futuro, alimentarás la pasión por aquello que ha de venir.

Si aceptas enamorarte.

Si tú aceptas enamorarte, habrá una sonrisa diseñada en tus labios.



Post data.  Admito que éstas letras nacieron luego de una conversación con un ser extraordinario vía Facebook.

domingo, 20 de febrero de 2011

El día después que te conocí

Esto me pasó al día siguiente que te conocí:

Deseé volver a verte cuanto antes.

Recreé al menos veinte veces tu sonrisa, el tono de tu voz, las miradas que intercambiamos y que coincidimos sin pretender que fuera exageradamente romántico.

Lamenté no haber conversado un poco más, o haber hablado mucho; rehice mentalmente varias veces lo que dije, que luego pensé que no debí decir y que me retracté pensando que después de todo no estuve tan mal.  En fin.  Mi mente se hizo un relajo.

Identifiqué el olor mágico que dejas en el ambiente al pasar, la sensación de livianez que se siente cuando estás cerca y la alegría inconmesurable que provocas en mí.

Sentí el olor de tu cabello como si estuvieses enfrente.

Recordé el color exquisito de tu piel, eres bella, no cabe duda.

Dudé cuarenta veces en escribirte el mensaje de texto que rehice otras veinte veces y que al final fue un escueto "me dio mucho gusto conocerte".

Imaginé cómo te propondría que tuviéramos una cita.  Me puse nervioso sólo de pensar en ese momento.

Finalmente, confirmé que me gustas y que lo que me pasó el día después que te conocí, es lo que me pasa cada día después que te veo.